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Mexistoría es una empresa especializada en la prestación de servicios de consultoría en el área de la antropología social y la historia de México. Nos centramos en la planeación de seminarios, talleres, conferencias, cursos y visitas culturales para el sector público y privado, y que buscan difundir la riqueza cultural que se encuentra en nuestro entorno, y de esta manera crear una conciencia de valoración y respeto por parte del ciudadano y visitante en nuestro país. Tenemos la firme convicción de que el conocimiento de nuestra historia es el eslabón entre la riqueza como individuos y como nación.

martes, 10 de enero de 2017

MARTÍN CARRILLO IBÁÑEZ.
MEXISTORÍA  CONSULTORÍA  ANTROPOLÓGICA ®



 La Embriaguez entre los Mexicas 


 E

 l tema de la embriaguez entre los mexicas nos parece de gran interés, ya que no sólo nos muestra el lado humano de un pueblo del pasado, sino que también nos da un claro ejemplo de cómo una sociedad reaccionó ante uno de los problemas más recurrentes en la historia de la humanidad. Pues la embriaguez ha sido y sigue siendo una práctica con tan honda raigambre que no ha podido ser erradicada de las costumbres de las sociedades a lo largo del tiempo. De muchos son conocidos los problemas que ésta conlleva, así como sus efectos en la descomposición social, ya que el ebrio no aporta bienestar, sino por el contrario, es improductivo, problemático y autodestructivo.
            En un pueblo como el mexica, la embriaguez no sólo fue un asunto de interés social, ya que se convirtió en un tema de suma importancia para la supervivencia de un pueblo que creía tener como misión primordial la continuidad de la vida y el consecuente renovamiento de la vitalidad solar. Así, en una sociedad con tan importante razón de ser, la embriaguez era considerada como uno de los peores males que podían acontecer a un individuo en plena edad productiva. Por lo tanto, la sociedad mexica se vio en la imperiosa necesidad de regular la ingesta de la bebida embriagante por excelencia en el centro de México: el pulque u octli.
         Y aunque en el México prehispánico se consumieron diversos productos embriagantes tales como los hongos, el peyote, el ololiuhqui, el toloache y el tabaco, nuestro estudio está orientado a presentar al lector las prácticas culturales y sociales vinculadas al pulque. Es por ello que en este escrito pretendemos mostrar diversos aspectos relacionados con esta bebida, entre los que podemos mencionar las prohibiciones y sanciones en contra del consumo del octli, así como la literatura y prácticas rituales que giraron en torno a tan afamado licor.
         Con el presente texto no pretendemos llevar a cabo un estudio exhaustivo de toda la información concerniente al tema de nuestro interés, puesto que la extensión a que hemos sujetado nuestro ensayo no lo permite. Así mismo, consideramos que la finalidad central de nuestra tarea es fundamentalmente llevar a cabo una revisión bibliográfica general de varios textos con los que contamos. Por consiguiente, cabe aclarar al lector que este estudio no agota de ninguna manera la bibliografía que se ha creado en torno a nuestro tema, sino que en su más sencilla intención sólo pretende mostrar al lector cómo la sociedad mexica reaccionó ante la embriaguez y el pulque, al igual que desmentir la no poco difundida idea de que los mexicas fueron miembros de una sociedad que permitió la ingesta desordenada de la por muchos llamada “bebida de los dioses”.
            Comencemos por discernir el nombre del pulque y su origen etimológico. Durante largo tiempo se pensó que el vocablo pulque provenía de la palabra araucana pulqú, la cual designa a todas las bebidas fermentadas embriagantes.[1] Sin embargo, tal interpretación ha perdido vigencia, pues se ha demostrado que bien pudieron haber sido los españoles los que llevaron dicha palabra a las regiones de los araucanos chilenos. Por consiguiente, se acepta que la palabra pulque puede tratarse de un barbarismo derivado del náhuatl puliuhqui, que significa descompuesto o corrompido.
            Cabe señalar que los mexicas distinguían entre el llamado iztac-octli (vino blanco) y el octli puliuhqui (vino descompuesto o corrompido). Entonces, es muy probable que al oír reiteradamente la palabra puliuhqui, los españoles pensaran que así se le denominaba genéricamente a la bebida. En este estudio utilizaremos reiteradamente los vocablos octli y pulque indiscriminadamente.
            Desde luego que no podemos proseguir con nuestro estudio sin mencionar la dicotomía a la que se vio sujeto el pulque, pues éste tuvo entre los mexicas un uso ritual al igual que profano. En el libro I de su Historia general de las cosas de Nueva España, fray Bernardino de Sahagún menciona distintos usos del octli durante las diversas fiestas dedicadas a los dioses. Entre estos podemos mencionar la ingesta ritual y derramamiento que viejos y viejas hacían de la bebida como una ofrenda a Xiuhtecutli, dios del fuego. Otro ejemplo es la fiesta cuatrianual llamada pillaoano que se hacía en honor de este mismo dios. En ella niños, jóvenes, adultos y ancianos podían beber el pulque.[2]
            Otro uso del pulque estaba estrechamente vinculado con el carácter de ofrenda ritual que éste poseía. Sahagún nos cuenta cómo se ofrendaba pulque a los dioses tlaloques. Así nos lo dice en el libro primero de su vasta historia:

Ofrecían así mismo a estas imágenes vino, u octli o pulcre, que es el vino de la tierra; y los vasos en que lo ofrecían eran […] unas calabazas lisas, redondas, pecosas, […] que las llaman tzilacayotli […]; a cada una de éstas partíanla por la mitad y sacábanle lo que tenía dentro, y quedaba hecha como una taza, y henchíanla del vino dicho y poníanlas delante de aquella imagen o imágenes […].[3]
  
            Pero si en las fiestas a otros dioses el octli era fundamental, con más razón lo encontraremos presente en las celebraciones honrosas hechas a los dioses de la bebida y la embriaguez, los llamados centzon totochtin (cuatrocientos conejos), nombre genérico con el que se conocía a un innumerable conjunto de deidades de la embriaguez, entre los que sobresalen Ome Tochtli, Tepoztécatl, Tezcatzóncatl, Toltécatl, Yauhtécatl, Izquitécatl, Pahtécatl, Cuatlapanqui, Tlilhua, entre otros.[4] No obstante, lo que llama la atención es aquello que Sahagún nos dice con respecto al dios Tezcatzóncatl, pues menciona que todas las malas acciones de los borrachos no eran responsabilidad de éste, sino del dios de la embriaguez que poseía al borracho mientras le duraba la ebriedad.[5]         
          Por otra parte, el pulque tenía un uso profano. Sonia Corcuera de Mancera nos menciona que en su forma no fermentada (agua miel) era una bebida recurrente entre los antiguos mexicanos. Así nos lo dice esta autora cuando escribe que “no cualquiera podía beber el pulque fermentado que parece haber estado reservado para las ocasiones ceremoniales en que se buscaban los efectos embriagantes de la bebida. Es posible que el pueblo consumiera preferentemente huitztli o agua miel, que era el líquido recién sacado de la planta y que tenía un grado muy bajo de fermentación y una menor capacidad para embriagar.”[6]
            El octli también era usado como remedio para algunos padecimientos físicos. Sahagún hace referencia a su uso en la sanación de heridas de la piel. Nos dice que “contra heridas y descalabraduras de la cabeza el remedio es […] sacar zumo de la penca del maguey y cocido ponérselo en la herida…”[7] Asimismo, agrega que “cuando comienza el dolor de los ojos será provechoso […] echar en los ojos ciertas gotas de pulcre trasnochado o serenado…”[8] El agua miel también era usado en la producción de miel de maguey, la cual era comercializada por hombres dedicados a este oficio y que poseían magueyes para tal fin.
            Todo lo mencionado con anterioridad nos hace ver que para los mexicas el pulque gozó de una gran importancia, pues esta bebida no sólo tuvo un uso ritual sino que también fue utilizada para otros fines, tanto alimentarios como curativos. Pero si el líquido fue fundamental para ellos, así también lo fue la planta de donde se obtenía. Y no era para menos, puesto que el maguey fue para los pueblos antiguos del valle de México una planta maravillosa llena de bondades. Así nos lo manifiesta el investigador brasileño Oswaldo Goncalves de Lima en su ya clásico estudio El maguey y el pulque en los códices mexicanos, pues nos dice que “la importancia del maguey y del pulque, análoga en la vida de los mexica y de otros pueblos habitantes del área geográfica de los magueyes, se puede  estimar por sus representaciones en los viejos códices figurativos […]”[9] Y este autor considera esta planta mesoamericana como una de las más importantes para los pueblos del pasado, que no escatima en decir que el pulque es la parte central de un complejo cultural que bien podría recibir el nombre de “complejo del maguey”.
            Creemos, por consiguiente, que una planta que a la vez proveía alimento, papel, fibras textiles y una bebida ritual merece ser catalogada como el eje central de un pueblo del que podríamos decir que desarrolló “una civilización del maguey”. Sin embargo, no debemos incurrir en el común error de pensar que los antiguos mexicanos, por el simple hecho de ser “una civilización del maguey”, fueron también una “civilización de la embriaguez”. Ya el connotado etnólogo francés Jacques Soustelle nos menciona que “jamás, en la historia, levantó cultura alguna barreras más rigurosas ante [la bebida alcohólica], [puesto que] los antiguos mexicanos conocían perfectamente el peligro que [ésta] significaba para ellos [y] para su civilización.”[10]
            Ahora bien, es menester ocuparnos de cómo los antiguos mexicanos concebían la embriaguez dentro de su cultura. Como ya hemos mencionado con anterioridad, la embriaguez ritual era tolerada dentro de un marco religioso controlado. Pero tal y como nos lo da a entender Soustelle, la embriaguez profana y consuetudinaria era castigada gravemente. Para poder comprender mejor la reacción de los mexicas ante los excesos en que caía el ebrio, es crucial que hagamos un rápido análisis de ciertos pasajes literarios en donde se nos ejemplifican los efectos nocivos y devastadores de la embriaguez.
            De nuevo Sahagún juega un papel de primer orden en nuestro cometido, pues en su libro recoge un pasaje que hace referencia a la ruina de la mítica Tollan y su dirigente Quetzalcoátl debido al efecto embriagante del octli. Nos dice primeramente “que vino el tiempo que ya acabase la fortuna de Quetzalcóatl y de los toltecas. Vinieron contra ellos tres nigrománticos, llamados Huitzilopochtli, Titlacauan y Tlacauepan, los cuales hicieron muchos embustes, en Tulla.”[11] De estos embustes el que nos ocupa es aquél que hace referencia a cómo Titlacauan se transformó en un anciano para engañar a Quetzalcóatl. Ya bajo la apariencia de un viejecillo indefenso, pidió encontrarse con Quetzalcóatl, argumentando que era indispensable se entrevistara con él. Al estar ante su presencia, Titlacauan le ofrece una medicina que curará sus enfermedades. Quetzalcoátl se muestra renuente a beber la pócima que Titlacauan le ofrece, no obstante, al final cede a los ruegos del anciano y se emborracha, ya que la dicha medicina resulta ser pulque.
            Después de beber el pulque que le ofreció el anciano, Quetzalcóatl se embriagó, con lo que fue presa de una gran tristeza y deseo de abandonar Tollan. Así comenzó, según los datos recogidos por Sahagún, la ruina de Tollan y los toltecas. Esta historia nos muestra cómo para los antiguos mexicanos el pulque y la embriaguez era el origen de muchos males y la ruina de los seres humanos. Esta visión nefasta de los efectos nocivos de la ebriedad la constatamos en otro pasaje recogido por el mismo Sahagún en el libro VI de su magna obra. Aquí el nuevo señor dirige una arenga por primera vez a su pueblo invitándolos a que no se embriaguen. Presentamos al lector un fragmento que ilustrará efectivamente la idea que tenían los mexicas con respecto a la bebida y la embriaguez:

Lo que principalmente encomiendo es que os apartéis de la borrachería, que no bebaís octli, porque es como beleños que sacan al hombre de su juicio, de lo cual mucho se apartaron y temieron los viejos y las viejas, y lo tuvieron por cosa muy aborrecible y asquerosa, por cuya causa los senadores y señores pasados ahorcaron a muchos, y a otros quebraron las cabezas con piedras, y a otros muchos azotaron.[12]            
           
En este pasaje es notorio el rechazo que tenían los mexicas hacia la embriaguez desordenada y el pulque y su uso profano. Es evidente, también, esa dicotomía en torno a la bebida. Pues como hemos ya visto arriba, por un lado el octli fungió como una bebida ritual cuya ingesta era permitida en ocasiones especiales, pero por otro lado era también tenido como una bebida que sólo traía los peores males posibles. Entonces, una sociedad como la mexica debía implementar una política represiva para evitar la proliferación de bebedores descontrolados y consuetudinarios. En este sentido, es interesante presentar al lector las medidas que este pueblo tomó para erradicar la embriaguez profana.
            En primer lugar, cabe presentar la idea que se tenía sobre el influjo que los dioses de la embriaguez ejercían sobre el recién nacido y si es que había algo que se pudiera hacer para cambiar el destino nefasto de aquellos nacidos bajo su signo. “Este signo [se] llamaba ome totchtli. Decían que cualquiera que nacía en este signo sería borracho, inclinado a beber vino y (que) no buscaba otra cosa sino el vino […] y […] que no se podía remediar […]”[13] Así, tenemos que Sahagún nos informa determinantemente que no existía remedio para lograr que los nacidos bajo el signo de la embriaguez se alejaran de tan nefasto destino. No obstante, hasta donde llega nuestro conocimiento con respecto a esta cuestión, sabemos que la única manera en que era posible evitar o mitigar el influjo negativo que se ejercía sobre aquéllos que nacían en alguna fecha no propicia era mediante el bautismo. Así, se debía “señalar para la ceremonia del “bautismo e imposición de nombre” una fecha lo suficientemente propicia como para contrarrestar los augurios funestos del nacimiento.”[14]
            Pero ya que una medida como ésa no puede ser a todas luces eficiente, se necesitaban medidas más rigurosas que controlaran y reprimieran la propensión al vicio no sólo de aquellos nacidos bajo el signo de la embriaguez, sino de todos los habitantes que mostraran gusto por la bebida. En el fragmento de la arenga que presentamos líneas arriba dada por el señor a su pueblo en que le aconsejaba alejarse de la embriaguez, se muestran algunas de las medidas represivas dirigidas hacia los ebrios consuetudinarios. Recordemos lo que nos dice la última parte del texto que citamos: “los senadores y señores pasados ahorcaron a muchos, y a otros quebraron las cabezas con piedras, y a otros muchos azotaron.” Estas palabras nos dan una idea de las medidas tan drásticas que los mexicas implementaron para controlar la ingesta del octli y la práctica de la embriaguez.
            Sabemos que los mexicas implementaron leyes feroces en torno a la ingesta de la bebida. Por ejemplo, Jacques Soustelle nos menciona que “las ordenanzas de Nezahualcoyótl castigan con la muerte al sacerdote sorprendido en estado de ebriedad, y lo mismo al dignatario, o embajador que se encuentre borracho en el palacio; al dignatario que se haya embriagado sin hacer escándalo recibe por ello un castigo no menor, pues pierde sus funciones o sus títulos.”[15]
            Como uno de los castigos menos severos encontramos que el ebrio era trasquilado en la plaza pública o apaleado. De igual manera, el borracho era sometido a una especie de “muerte civil”, pues el individuo que se embriagaba era rechazado por la sociedad. Pero muchas veces el castigo no sólo implicaba penas corporales o trasquilamientos, ya que la casa del ebrio podía ser derribada o quemada, como una manera de mostrar a los demás que el borracho no merecía vivir entre gente de razón.[16] Si el ebrio era un hombre joven, se le llevaba al telpuchcalli y ahí se le apaleaba hasta provocarle la muerte. En el caso de que el ebrio fuera una mujer, se le apedreaba también hasta causarle la muerte. A otros ebrios se les ahorcaba, mientras que a otros más se les aplastaba la cabeza con un bloque de piedra.
            Como podemos ver, las medidas represivas en torno al consumo del octli eran feroces. Los habitantes de una sociedad como la mexica se tuvieron que sujetar a disposiciones altamente autoritarias. Por ende, aquel que se alejara de la norma establecida por las autoridades recibía el rechazo de la sociedad y, en el peor de los casos, la muerte. Entre los antiguos mexicanos la embriaguez no era un asunto carente de interés, entonces, se debe considerar que los aportes a la legislación judicial en torno al consumo de bebidas embriagantes en el México antiguo no era un tema que se tomara a la ligera.
            Y aunque hemos visto que los castigos públicos fueron un medio muy usado para infundir en la población el temor y prudencia, también existieron otros medios para hacer que la sociedad se alejara del vicio y la embriaguez ilícita. En este sentido, cabe presentar al lector algunos extractos de obras literarias que buscan amonestar y mostrar al individuo los problemas que acarrearía entregarse al vicio. Los discursos didácticos llamados huehuetlatolli nos proveen de claros ejemplos de lo que venimos discutiendo.
            En uno de estos huehuetlatolli o pláticas de los ancianos que recogió fray Andrés de Olmos, encontramos un discurso muy a la medida de lo que buscamos mostrar. El texto dice lo siguiente:

Todas estas cosas te tengo recomendadas, que no hagas: hazlas así y te darás a conocer como un gran bellaco, que no hay para ti ni sentido ni cordura, que de veras tú eres un hombre dejado al vicio, que de verás tendrás por merecimiento tuyo y será tu herencia, la yerba estupefaciente, la yerba embrutecedora, el pulque, el hongo intoxicante: los comerás, los beberás, con ellos te embriagarás, con ellos rodarás, te perderás tú mismo, de modo que ya no tengas sentido de ti mismo, y te arrojarás al fogón encendido, al comal del fuego, al río, al peñascal; caerás en la trampa, en la red de cuerdas; y no te darás cuenta de cómo vienes a encontrar piedra y palo, la suciedad y la basura; con esto te insolentarás, echándote a la cabeza y mollera ajenas, te harás estúpido y salaz, te embrutecerás salvajemente, te harás compañero del conejo, del venado, te meterás por bosques y llanuras.[17] 
           
Como podemos ver, en este texto se nos presenta de manera evidente la recomendación de alejarse de los productos que embriagan, entre ellos el pulque. Pues es la embriaguez la causante de la perdición del individuo, aquello que lo hará vivir entre la suciedad y la basura, eso que lo igualará a los animales sin juicio ni razón. Y así también la embriaguez será la causa de su ruina, de su perdición, pues el ebrio no tiene cuidado ni de sí mismo ni de lo que hace y de hacia dónde va.
Otro ejemplo es el discurso del gobernante a su pueblo del que ya hemos presentado un extracto. Tomamos de éste otro breve pasaje que ilustrará cómo el pulque es el causante de la perdición del individuo y de la falta de interés hacia su vida y hacia sus cosas.

Mucho lloran estos tales; siempre están tristes, son vocingleros y alborotadores de las casas ajenas; después que han bebido cuanto tienen hurtan de las casas de sus vecinos las ollas y los jarros y platos y las escudillas; ninguna cosa dura en su casa, ni medra; no tiene sosiego ni reposo en su casa el borracho, sino todo es pobreza y malaventura; no hay plato ni escudilla, ni jarro en su casa, no tiene qué se vestir, ni con qué cubrirse, ni qué calzar, ni tiene en qué dormir.[18] 


Basten estos breves extractos para dar una idea al lector de los diversos discursos que se crearon con la intención de mostrar al pueblo los efectos nocivos de la embriaguez. Y no fue para menos mencionarlos, pues ilustran de manera efectiva la tendencia que tuvieron los mexicas de hacer uso de la retórica para dar a conocer de una manera más cordial los efectos negativos que podría tener el excederse en la ingesta del octli. Pero, como ya vimos, el castigo corporal y la pena de muerte fue también un medio para reprimir el abuso en la ingesta del pulque.
Ahora sólo nos resta recapitular lo que hemos venido mencionando a lo largo de este escrito y presentar algunas consideraciones finales. Primeramente, cabe destacar que el pulque y la embriaguez significaron para los mexicas un tema de sumo interés e importancia. Es notoria la ambigüedad existente con respecto a la bebida y sus efectos, ya que por un lado fue considerada como un medio de rendir culto a los dioses y como una ofrenda digna de su divinidad.
Por otra parte, vemos que la bebida también fue considerada algo asqueroso y aborrecible. Esta visión es la que nos parece interesante, pues el hecho de que la bebida haya tenido valores tan dispares nos hace preguntarnos sobre la intención de los gobernantes y sacerdotes al permitir que el pueblo lo ingiriera sólo en ocasiones específicas y con claras restricciones sobre su consumo. Creemos que en una sociedad tan autocrática como la mexica, la embriaguez permisible era usada como un vehículo para el desfogue de sus miembros, para hacer que la represión tuviera una válvula de escape. Así, los individuos podrían seguir sujetos a las normas y la estabilidad se garantizaba.
Pero a pesar de que el uso lícito del pulque se restringía a meras cuestiones religiosas, vimos que también el uso profano que tuvo como sustancia auxiliar en el tratamiento de enfermedades fue ampliamente difundido. De esta manera la bebida pierde su carácter ritual y entra al mundo cotidiano. Y no debemos olvidar que el líquido no fermentado de donde se obtiene el pulque fue también utilizado para la producción de miel. Por lo tanto, no debe sorprendernos que la planta de donde se obtenía y que daba tantas bondades a los seres humanos fuera divinizada al asociarla a los dioses.
Otro aspecto que nos parece pertinente considerar es aquél que se vincula con el nacimiento y el signo ome tochtli. En pocas palabras, puede decirse que aquel individuo cuyo sino era la embriaguez no tenía manera de escapar de las garras de la bebida. Es por ello que se idearon maneras para poder liberar al infante de tan despreciable destino. Sin embargo, creemos que aquí el libre albedrío juega un papel fundamental. Pues no debemos olvidar que incluso en la actualidad la propensión al vicio es más que nada una decisión personal más que una imposición de los astros o las divinidades. Así, creemos que la elaboración de un aparato legal tan feroz para controlar la ingesta ilícita de la bebida y la embriaguez obedeció a las necesidades de controlar a un pueblo que habitaba una región que le prodigaba de variados productos para intoxicarse. No olvidemos que el auge mexica se dio en un corto periodo de tiempo con respecto a otros pueblos, entonces, sus dirigentes bien pudieron darse cuenta que si se le permitía a los ciudadanos vivir intoxicados, su productividad y rendimiento disminuirían, lo cual afectaría irremediablemente el poder y progreso que su civilización había alcanzado.
Lo anterior es palpable en los diversos discursos didácticos recogidos por Olmos, ya que en ellos se dan diversas recomendaciones a los jóvenes sobre cómo llevar a cabo una vida ordenada y productiva alejada de los vicios y la ociosidad. Es por ello que decidimos incluir el fragmento de uno de ellos, pues ilustran ricamente la manera en que eran usados como un medio educativo no violento. No dudamos de la eficacia de ellos, puesto que su pervivencia nos demuestra la utilidad y la factibilidad de su uso.         
Finalmente, cabe destacar que a pesar que muchos son los temas que podrían tomarse en cuenta para poder desarrollar un texto más dilatado y profuso sobre el asunto de la embriaguez entre los antiguos mexicas, decidimos hacer uso de sólo algunos de los rasgos más fundamentales que hacen de este asunto uno de los más fascinantes en el estudio de la historia de la cultura náhuatl. Y aun cuando no hayamos podido dar un buen fin a esta labor, estamos seguros que nuestro interés no terminará con la realización de este sencillo ensayo, pues tenemos la esperanza de poder reelaborar este estudio con más seriedad y dedicación, pues sabemos que el desarrollo de una investigación de gran envergadura requerirá siempre de un espíritu dispuesto y vigoroso que lleve sus indagaciones hasta las últimas consecuencias.


BIBLIOGRAFÍA 

Corcuera de Mancera, Sonia, El fraile, el indio y el pulque. Evangelización y embriaguez en la Nueva España (1523-1548), Primera edición, México, Fondo de Cultura Económica, 1991, 309 p.

Garibay Kintana, Ángel María, Historia de la literatura náhuatl, 2ª. Ed., pról. de Miguel León-Portilla, México, Editorial Porrúa, 1992, 917 p. (Colección Sepan Cuantos núm. 626).

Gonçalves de Lima, Oswaldo, El maguey y el pulque en los códices mexicanos, Primera edición, México, Fondo de Cultura Económica, 1956, 275 p.

Guilhem Olivier, “Los dioses ebrios del México antiguo. De la transgresión a la inmortalidad”, Arqueología mexicana, México, v. xix, n. 114, 2012, p. 26-33.

León-Portilla, Miguel, La filosofía náhuatl, 9ª. Ed., pról. de Ángel María Garibay K., México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2001, 461 p.

Sahagún, Fray Bernardino de, Historia general de las cosas de Nueva España, Primera edición, México, Editorial Porrúa, 1975, 1061 p. (Colección Sepan Cuantos núm. 300).

Soustelle, Jacques, La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista,  2ª. Ed., trad. De Carlos Villegas, México, Fondo de Cultura Económica, 283 p. 159.



[1] Sonia Corcuera de Mancera, El fraile, el indio y el pulque. Evangelización y embriaguez en la Nueva España (1523-1548), Primera edición, México, Fondo de Cultura Económica, 1991,  p. 20.
[2] Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, Primera edición, México, Editorial Porrúa, 1975, pp. 37, 38.
[3] Fray Bernardino de Sahagún, op. cit. p. 48.
[4] Guilhem Olivier, “Los dioses ebrios del México antiguo. De la transgresión a la inmortalidad”, Arqueología mexicana, México, v. xix, n. 114, 2012, p. 26.
[5] Fray Bernardino de Sahagún, op. cit. p. 49.
[6] Sonia Corcuera de Mancera, op. cit. p. 26.
[7] Fray Bernardino de Sahagún, op. cit. p. 569.
[8] Ibid. p. 570
[9] Oswaldo Gonçalves de Lima, El maguey y el pulque en los códices mexicanos, Primera edición, México, Fondo de Cultura Económica, 1956, p. 28.
[10] Jacques Soustelle, La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista,  2ª. Ed., trad. De Carlos Villegas, México, Fondo de Cultura Económica, 1970, p. 159.
[11] Fray Bernardino de Sahagún, op. cit. p. 190.
[12] Fray Bernardino de Sahagún, op. cit. p. 318.
[13] Sahagún, op. cit. p. 221.
[14] Miguel León-Portilla, La filosofía náhuatl, 9ª. Ed., pról. de Ángel María Garibay K., México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2001, p. 195.
[15] Jacques Soustelle, op. cit. p. 160.
[16] Sonia Corcuera de Mancera, op. cit. p. 39.
[17] Ángel María Garibay Kintana, Historia de la literatura náhuatl, 2ª. Ed., pról. de Miguel León-Portilla, México, Editorial Porrúa, 1992, pp. 416, 417.
[18] Fray Bernardino de Sahagún, op. cit. p, 319


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