MARTÍN CARRILLO
IBÁÑEZ.
MEXISTORÍA
CONSULTORÍA ANTROPOLÓGICA ®
Historia de una
Letra Griega en México.
S
|
on las
palabras un vehículo eficaz para que el lector amante de la historia se
embarque en largos viajes a través del tiempo. Desde Herodoto hasta nuestros
días, el lenguaje escrito ha sido utilizado para consignar, comunicar y
preservar hechos y acontecimientos del pasado. Es por ello que la escritura ha
jugado un papel de primer orden en el oficio de historiar, ya que “puede[…]
conservar su mensaje por un lapso indefinido.”[1]
No pasa lo mismo, en cambio, con la tradición oral, puesto que ésta se
encuentra siempre sujeta a la memoria y a la existencia de los individuos que
la conservan y pasan los datos de su historia de generación en generación.
Recordemos que para ayudar a la
memoria, primeramente, el ser humano se apoyó en imágenes capaces de representar
su entorno. De esta manera surgen los pictogramas, dibujos de animales, personas
o cosas, los cuales denotan una situación o acción determinada. Posteriormente,
el surgimiento de los ideogramas sentó las bases del desarrollo “de todo un
sistema independiente en el mundo.”[2]
En su libro Historia del Alfabeto, A. C. Moorhouse nos dice que los ideogramas
“son signos que representan ideas, cualidades, acciones y algunas veces objetos,
ninguno de los cuales puede representarse directamente por medio de un
pictograma […]. En tanto que los pictogramas son sólo copias de la naturaleza,
los ideogramas son creaciones nuevas que estimulan las facultades inventivas de
los autores.”[3]
Al mencionar escuetamente los sistemas pictográfico e ideográfico no
hacemos más que referirnos a los albores de un proceso cultural complejo. No
debemos olvidar, por lo tanto, que la escritura pasó por distintas etapas a lo
largo de su desarrollo y que muchos sistemas de escritura no lograron madurar o
perdurar en su uso e inteligibilidad debido a circunstancias diversas. Por tal
motivo, muchos de estos sistemas cayeron en desuso y se convirtieron en un
cúmulo de secretos que ya nadie podía descifrar. Ejemplos de lo anterior son las
escrituras egipcia y maya, las cuales aguardaron en silencio hasta que un Champollion[4]
o un Knórosov[5]
nos develaran sus misterios.
No obstante, cabe hacer hincapié en el hecho innegable de que aun
cuando un sistema escrito puede sufrir pocos cambios cuando ya se ha
consolidado, no pasa lo mismo con la forma en que se pronuncia. Citemos a
manera de ejemplo el caso del Tetragrámaton hebreo (יהוה) que
representa el nombre de Dios. Esta palabra ha despertado gran polémica a través
de los años, puesto que a ciencia cierta nadie, según lo que conocemos, sabe
cómo debe pronunciarse. Esto debido a que las letras que se emplean en el
nombre son sólo consonantes (YHWH). Algunos estudiosos como el Dr. M. Reisel concuerdan
con que “originalmente la lectura del Tetragrámaton con sus vocales debe haber
sido Y ͤ HūàH o YaHūàH”.[6]
Por otra parte, “el canónigo D. D. Williams, de Cambridge, sostuvo que la
‘evidencia indica, o mejor, casi prueba, que la pronunciación verdadera del
Tetragrámaton no era Jāhwéh […] El Nombre mismo probablemente era JĀHȎH’.”[7]
Lo único cierto en este debate es que la pronunciación original del Tetragrámaton
se perdió debido a la prohibición que imperó en el judaísmo con respecto a la
mención del nombre de Dios al realizar las lecturas de las sagradas escrituras.
La palabraיהוה se
conservó en los textos pero al tener que leerse se sustituyó por otros nombres
como el de Hashem (השם), Adonai (אדני) o Elohim (אלהים). En un texto de educación
bíblica de 1984 se nos menciona lo siguiente con respecto al tema que nos atañe:
“Mientras el hebreo antiguo fue un idioma de uso cotidiano [la pronunciación del
Tetragrámaton] no presentó problema alguno. Los israelitas estaban
familiarizados con la pronunciación del Nombre [de Dios], y cuando lo veían escrito [pronunciaban] las
vocales sin pensarlo. […] Esta situación cambió debido a dos sucesos. Primero,
entre los judíos surgió la idea supersticiosa de que era malo pronunciar el
nombre divino en voz alta; por eso, cuando llegaban a él en su lectura de la
Biblia pronunciaban la palabra hebrea ‘Adhonaí (Señor Soberano). Además,
con el transcurso del tiempo el mismísimo idioma hebreo antiguo cesó de usarse
en la conversación diaria, y así llegó el tiempo en que la pronunciación
original hebrea del nombre de Dios pasó al olvido.”[8]
Cabe aclarar que
la escritura del hebreo deriva del alfabeto semita, el cual constaba de
veintidós letras consonánticas. Una de las características de este alfabeto fue
la orientación de su escritura, la cual “seguía la dirección de derecha a
izquierda. No había vocales […] Por lo tanto, era necesario, al leer la escritura, suplir mentalmente
las vocales necesarias. Para este propósito cuatro letras que representaban
sonidos de vocales débiles (ʼāleph y hē, yōd y wau)
llegaron finalmente a utilizarse para denotar las vocales largas ā, ῑ, ū,
respectivamente […]; se desarrolló un esquema aún más completo de notación vocálica en
siriaco, árabe y hebreo, mediante el uso de “puntos” vocálicos o signos
diacríticos. […] Pero ningún sistema llegó a ser de uso general. Es posible que ni
siquiera estos pasos se habrían dado de no haber sido necesario, para fines
religiosos, conocer la pronunciación exacta de las antiguas escrituras. […] En el uso corriente no se pensó que fuera hasta tal punto esencial
contar con una exactitud tan precisa, y las diversas notaciones vocálicas casi
no se emplearon más que para escribir textos religiosos […].”[9]
Pero si observamos esta ausencia de vocales escritas en una lengua
perteneciente a la familia de las lenguas semíticas, es menester que hagamos
notar el caso opuesto en lenguas romances como el francés o germanas como el
inglés, cuyo sistema de escritura, a diferencia del hebreo, sí representa las
vocales. No obstante, pese a que las lenguas citadas anteriormente hacen uso de
un alfabeto derivado del griego, en donde, salvo algunas excepciones, había una
correspondencia de letra y sonido, no es raro encontrarnos con palabras como boulevard
/bulvaʀ/ del francés y beautiful /ˈbjuːtɪfl/ del inglés[10].
Los dos vocablos anteriores ejemplifican a la perfección el problema que
buscamos plantear, puesto que, como puede observarse, en ambas palabras
aparecen secuencias de dos o más vocales escritas que poco se relacionan con la
manera en que un hablante nativo de dichas lenguas pronunciaría estas palabras.
Por otra parte, mucho diferiría la pronunciación de dichos vocablos si hacemos
uso del criterio de correspondencia letra-sonido heredada de los griegos y que
aplicaría un hablante nativo de español que nada supiera de la pronunciación
del francés o inglés.
Para aclarar el
punto anterior con respecto a la correspondencia letra-sonido, cabe citar lo
que Ferdinand de Saussure, célebre lingüista francés de finales del siglo
XIX, mencionaba al respecto: “El
alfabeto griego primitivo merece nuestra admiración. Cada sonido simple está
representado en él por un solo signo gráfico, y, a la recíproca, cada signo
corresponde a un sonido simple, siempre el mismo. Es un descubrimiento genial,
que los latinos heredaron. En la escritura de la palabra bárbaros,
, ΒΑΡΒΑΡΟΣ, cada letra corresponde a un tiempo homogéneo […].”[11]
Sin embargo, contrario a lo que podría pensarse, es en el mismo griego donde surgen
letras para representar dos sonidos que se pronuncian conjuntamente. Las letras
Χ, Θ, Φ se usaron para representar las combinaciones “kh, th, ph; ΦΕΡΩ representa
phérō; pero ésta es una innovación posterior, las inscripciones arcaicas
escriben ΚΗΑΡΙΣ y no ΧΑΡΙΣ.”[12]
Aunado
a lo expuesto anteriormente, no debemos olvidar que en su uso para escribir
distintas lenguas, no sólo europeas sino de distintas partes del mundo, las
letras tuvieron que ajustarse o cambiar su valor fonético para representar los
sonidos de las distintas lenguas a las que se adaptó. Además, es preciso
recordar que si una lengua tiende a cambiar en su forma escrita, con más razón
lo hará en su forma hablada. Nos dice Saussure que la función primaria de la
escritura es representar la lengua, sin embargo, “la lengua evoluciona sin
cesar mientras que la escritura tiende a permanecer inmóvil. De ello se deduce
que la grafía termina por no corresponder ya a aquello que debe representar”[13] Esto
puede explicar, aunque parcialmente, el porqué muchas lenguas difieren en la
pronunciación de las palabras con respecto a su ortografía. Es por ello que para
poder representar adecuadamente la pronunciación de las lenguas se recurrió a la
creación de un alfabeto fonético
internacional, el cual ayudó en mucho a que mediante la utilización de símbolos
fonéticos (símbolos que representan sonidos no letras) se pudiera representar
la pronunciación estandarizada de una palabra aislada.
Podría pensarse que en el español no encontraremos estas situaciones
ya que se piensa, en muchos casos erróneamente, que en nuestra lengua sí existe
una correspondencia directa entre las letras y el sonido que éstas representan.
Y decimos erróneamente porque entonces ¿qué pasa con letras como la H, la cual
no representa ningún sonido en español, o la combinación de la C y la H para
representar un sonido que nada tiene que ver con la C o con la asonante H? Otro
ejemplo podría ser el caso de la doble ele (ll) cuya función no es alargar el
sonido de esta consonante como en el latín o el italiano, sino que denota un
sonido totalmente distinto al de /l/. Ahora bien, si con estas letras
observamos estas cuestiones, hay otra letra más que presenta un problema a la
hora de pronunciarla en palabras provenientes del náhuatl tales como mixiote, Xochimilco,
Xonaca y México, por dar sólo algunos ejemplos.
El problema al que nos referimos radica en la polivalencia fonética de
la letra x en palabras como las citadas en el párrafo anterior, puesto
que en nuestro país la letra x puede representar distintos sonidos como
/ks/, /h/, /ʃ/[14]
e inclusive /s/. ¿Pero de dónde surge esta polivalencia de la letra x en
México que sigue causando problemas a quien no está habituado a las palabras
nahuas que la usan? Es indiscutible que en muchos casos, como hablantes del
español de México, nos dejamos guiar por la pronunciación que comúnmente
escuchamos de los otros. No obstante, cabe hacernos la pregunta: ¿cuál es,
entonces, la pronunciación “correcta” para las palabras en cuestión? Con la
intención de responder a ésta y otras preguntas hemos desarrollado este breve ensayo,
cuyo tema medular es presentar al lector una breve reseña histórica de cómo la
letra x llegó a ser usada en palabras del náhuatl y por qué.
Empecemos por hablar un poco del griego, cuyo alfabeto fue la pauta
para el desarrollo del alfabeto que usamos actualmente. El alfabeto griego desciende
del alfabeto fenicio, el cual, a su vez, es un derivado del antiguo alfabeto
semita. En sus inicios, la dirección de la escritura en griego era de derecha a
izquierda. Posteriormente se usó la escritura bustrofedon, que consistía en
escribir una línea de derecha a izquierda y la siguiente de izquierda a derecha,
y así sucesivamente. Por último, se optó por que la escritura arrancase en el
lado izquierdo y terminara en el derecho. Un gran avance en la escritura que se
logró con los griegos fue la creación de letras para representar las vocales,
lo cual “resultó de importancia vital para convertir el alfabeto en un adecuado
medio de expresión fonético.”[15]
El alfabeto griego arcaico contó con veintitrés letras, de las cuales
sólo una ( Y úpsilon) no figuraba en el
alfabeto fenicio. Luego, debido a la desunión que imperaba en los pueblos griegos
de aquel tiempo, el alfabeto sufrió varios cambios debidos a las necesidades
locales de los usuarios, lo que originó el desarrollo de distintas variaciones.
Las más representativas fueron las que
conformaron el alfabeto oriental y el alfabeto occidental. El alfabeto oriental
fue ampliamente usado en Atenas, Corinto, Argos, y las islas egeas. Por otra
parte, el alfabeto occidental fue utilizado en los territorios de Euboea,
Beocia y parte del Peloponeso, con sus colonias en Italia y Sicilia. Asimismo,
se lleva a cabo la inclusión de tres
letras nuevas en el alfabeto. Tales letras fueron
,
,
. La diferencia entre
un alfabeto y el otro radicaba “en el uso
que hicieron de dos de las tres letras nuevas añadidas después de la vocal u
(ypsilon). La primera de las letras nuevas fue
phi, y
tenía el valor de ph en ambos tipos. La segunda fue
: el valor occidental fue ks (x), con el
nombre xi, pero el valor oriental era kh […], con el nombre de khi.
La tercera letra fue
: tenía el valor occidental kh, nombre khi,
pero en oriental tenía el valor ps, y el nombre psi.”[16] Cabe
comentar que en el griego arcaico se usó el signo
para
representar la combinación de sonidos ks. Su nombre era xei
(ksei). Esta letra se mantuvo, aunque modificada (Ξ), en el alfabeto oriental. Por el contrario, el
alfabeto occidental prescindió de ella. No obstante, el alfabeto occidental
tuvo, como se mencionó líneas arriba, la letra
para representar la combinación de sonidos ks.
,
,
. La diferencia entre
un alfabeto y el otro radicaba “en el uso
que hicieron de dos de las tres letras nuevas añadidas después de la vocal u
(ypsilon). La primera de las letras nuevas fue
phi, y
tenía el valor de ph en ambos tipos. La segunda fue
: el valor occidental fue ks (x), con el
nombre xi, pero el valor oriental era kh […], con el nombre de khi.
La tercera letra fue
: tenía el valor occidental kh, nombre khi,
pero en oriental tenía el valor ps, y el nombre psi.”[16] Cabe
comentar que en el griego arcaico se usó el signo
para
representar la combinación de sonidos ks. Su nombre era xei
(ksei). Esta letra se mantuvo, aunque modificada (Ξ), en el alfabeto oriental. Por el contrario, el
alfabeto occidental prescindió de ella. No obstante, el alfabeto occidental
tuvo, como se mencionó líneas arriba, la letra
para representar la combinación de sonidos ks.
Son los etruscos quienes hacen un extenso uso del alfabeto griego occidental,
el cual, se cree, tomaron de una de las colonias griegas establecidas al sur de
Italia. De ellos lo aprendieron los romanos, pueblo que se encargaría de propagar
su propia versión del alfabeto a lo largo del vasto imperio que crearon. Según
M. C. Moorehouse, “Quintiliano, que escribió a mediados del siglo I d. c., dice
que la X era la última letra del alfabeto latino.”[17] Lo
anterior nos indica que para esas fechas la letra x ya se encuentra en
el alfabeto latino y ha obtenido su posición definitiva. En latín la x
tiene el valor de ks, de lo que concluimos que el latín hizo uso de la
letra x con el valor fonético del alfabeto occidental. En la lengua de
Roma no existía el sonido que denotaba la x en el alfabeto oriental,
“pero en tiempo de Cicerón la moda griega hizo que algunos aspiraran la c
[…] en palabras que venían del griego o del
etrusco, o en otras como ‘Pulcher’”.[18] De
esto se entiende que para representar la aspiración de la letra xi del
griego oriental, los latinos utilizaron la combinación de la letra C con la letra
H (eta), que en el alfabeto occidental representaba el sonido aspirado /h/. Por
otra parte, el mismo A. C. Moorehouse agrega que “el nombre ix, que se dio a la
X, es lo contrario del griego xi, lo cual obedece quizá al hecho de que ninguna
palabra latina comenzaba con x.”[19]
Después de haber esclarecido el valor fonético de la letra x en
los alfabetos oriental y occidental, y de conocer su valor en el latín clásico,
es necesario establecer el valor de esta letra en el habla hispana del siglo XVI,
pues no debemos pasar por alto el hecho de que el territorio de la antigua
Hispania fue una provincia romana en la cual surge el antecedente de la lengua
que hablamos actualmente. Diversos autores han ya discutido el tema del valor
que la letra x tuvo en el español del siglo XVI, sin embargo, merece nuestra
atención lo mencionado por dos autores mexicanos con respecto al asunto que nos
concierne.
En su breve pero interesante artículo, Sobre la “X” de México, José G. Moreno de Alba nos
refiere que el tema sobre cómo escribir la palabra México ha despertado
acaloradas discusiones. Nos menciona que algunos intelectuales y escritores estaban
a favor del uso de la letra J en dicha palabra (Méjico) mientras que otros
defendían el uso de la x. Pero para entender este acalorado debate, es
necesario saber un poco sobre “las modificaciones fonológicas del español del
siglo XVI, entre ellas el cambio de sh (escrita x) a j, que afectó no sólo a
las voces españolas (dixo = dijo) sino también a la mayoría de indigenismos que
tenían el fonema sh (exotl ejote, wexolotl guajolote, etc).”[20]
Así lo constata Alfonso Reyes, cuando nos dice que “en el siglo de la conquista
la x española tenía todavía el sonido de sh, aunque por
bivalencia fonética tenía ya también el de j.”[21]
Este mismo autor agrega que “el sonido sh aparecía en la palabra
indígena que los españoles quisieron imitar con su grafía. Y la voz México,
montada en la corriente de la x, fue arrastrada en la evolución de este
fonema. Así vino, con el tiempo, a decirse ‘Méjico’.”[22]
Así las cosas, no debemos sorprendernos que en la versión facsimilar
del vocabulario en lengua castellana y mexicana de Fray Alonso de Molina,
publicado en el ya distante año de 1571, nos encontremos con palabras como Lexos
(lejos), Exercito (ejército), Paxaro (pájaro) y Caxa (caja), por
mencionar sólo algunos ejemplos. Entendamos, pues, que durante el siglo XVI, en
las palabras mencionadas anteriormente, la x podía ser pronunciada como
un sonido /sh/ o un sonido /h/. No obstante, debemos hacer notar que al
adoptarse como general la pronunciación /h/ para la letra x, ésta
terminó siendo sustituida por la letra j.[23]
En el mismo siglo XVI se da la conquista del llamado Imperio Mexica a
manos del legendario Hernán Cortés. Tras la caída de la ciudad de
México-Tenochtitlán llegan religiosos para llevar a cabo la evangelización de
la población nativa. Es entonces cuando surge el interés por estudiar y
aprender la lengua náhuatl debido a su carácter de lengua franca a lo largo del
imperio mexica, lo cual facilitaría en mucho la misión evangelizadora. Es por
ello que los frailes se dan a la ardua tarea de escribir la lengua náhuatl
haciendo uso de las letras del alfabeto latino, ya que el sistema de escritura
de los antiguos nahuas era de tipo ideográfico y logosilábico. Por otra parte,
cabe recordar que la lengua náhuatl pertenece a la familia yutoazteca, lo que
la hace distinta en estructura y forma con respecto a las lenguas de Europa. El
náhuatl llamado clásico (náhuatl del siglo XVI) contaba con menos sonidos con
respecto al español. Esto facilitó en mucho la adaptación de la lengua a las
grafías latinas, empero, se presentaron distintos problemas al tratar de
representar sonidos que no existían en español o al decidir qué letras se
deberían usar para un solo sonido, puesto que, como veremos a continuación, el
español hace uso de distintas letras para representar un mismo sonido.
En su libro Llave del Náhuatl, el padre Ángel María Garibay Kintana menciona
que “uno de los empeños primarios de los Misioneros cristianos fue reducir la
lengua náhuatl al alfabeto castellano de la época. Esta adaptación reprodujo
todas las ventajas y los defectos del alfabeto en uso. Si es verdad que cada
signo representa un sonido, también lo es que a un solo sonido corresponden a
veces dos signos. Vgr. el sonido K=C, QU […].”[24]
De igual manera, el padre Garibay comenta que “en las vocales el sistema de
representación es uniforme en los Mss. Sólo por lo que toca a la O-U hay
variedad, pero esto no depende de que se siga diverso sistema, sino de su
carácter intermedio[25].
Es la razón de que se halle en el mismo autor, Sahagún, por ej.: uncan, oncan,
umpa, ompa.”[26]
Fray Jerónimo de Mendieta nos ha legado uno de los pasajes más
ilustrativos sobre la manera en que los misioneros franciscanos llevaron a cabo
el proceso de escritura de la lengua náhuatl y la creación de sus vocabularios.
En su célebre libro Historia Eclesiástica Indiana podemos leer el siguiente
pasaje: “Dejando a ratos (los frailes) la gravedad de sus personas, se ponían a
jugar con los niños…, y tenían siempre papel y tinta en las manos, y en oyendo
el vocablo al indio, escribíanlo y al propósito que lo dijo. Y en la tarde
juntábanse los religiosos y comunicaban los unos a los otros sus escriptos, y
lo mejor que podían conformaban aquellos vocablos al romance que les parecía
más convenir.”[27]
Otra manera en que los frailes se apoyaron para el estudio y conocimiento de la
lengua náhuatl fue mediante el uso de intérpretes. Cabe destacar el papel que
jugó Alonso de Molina en el estudio, enseñanza, e interpretación de esta lengua.
Nace Fray Alonso de Molina en la región española de Extremadura, hacia
el año 1513. Siendo aún niño pasa a la Nueva España en compañía de sus padres.
Allí entra en contacto con niños de su misma edad, de los cuales aprenderá la
lengua náhuatl, logrando así poseer un conocimiento profundo de sus vocablos,
frases, usos y estructura. Desde temprana edad entra al servicio de los frailes
franciscanos como intérprete y maestro de la lengua. El mismo Fray Jerónimo de
Mendieta incluye un pasaje sobre la vida de Molina en su Historia Eclesiástica
Indiana, el cual dice lo siguiente: “Fray Alonso de Molina vino con sus padres,
niño, a estas partes de la Nueva España, luego como se conquistó. Y como era de
poca edad, deprendió con facilidad la lengua de los indios mexicanos. Y cuando
comenzaron los primeros doce padres a cultivar esta viña del Señor, éste niño
les sirvió de interprete y enseñó a algunos de ellos la lengua mexicana…”[28]
Molina llegó a ser un profuso escritor en lengua náhuatl. Escribió ordenanzas,
doctrinas y vocabularios, entre otras obras. Toca a Molina el mérito de ser el
primer escritor nahuatlato en ver impresa y publicada una de sus obras (1546). Uno
de sus trabajos más sobresalientes es su vocabulario en lengua castellana y
mexicana, el cual fue publicado por primera vez el año de 1555. La existencia
de su vocabulario sentó las bases para una escritura estandarizada del náhuatl
en aquellos tiempos. Sabemos, por otra parte, que los primeros alfabetizadores
del náhuatl fueron Fray Andrés de Olmos y Fray Toribio de Benavente Motolinía. No obstante, el padre Garibay nos menciona que “la justicia
exige […] que demos la gloria de ser el
primer alfabetizador del náhuatl a Fray Pedro de Gante. Fue en el tiempo quien,
con sus dos colegas [Olmos y Motolinía[, comenzó el estudio de la lengua, y la
vida entera se le fué después en ‘enseñar a leer, escribir y cantar’ como él
decía.”[29]
El poner la lengua náhuatl por escrito derivó en la recuperación y
conservación de la antigua literatura y la tradición histórica y cultural de
los nahuas. Un ejemplo de ello es, sin duda, el impresionante libro de Fray Bernardino
de Sahagún, Historia General de las Cosas de Nueva España, verdadera fuente de
conocimiento de un mundo que se negaba a perecer. A través de las letras ese
mundo ha llegado a nosotros, y a través de las letras seguirá viviendo. Ha sido
nuestra tarea hacer una revisión general del proceso que siguió el alfabeto
para llegar a México tomando como referente el desarrollo de la letra x.
Es notorio, desde luego, que la x es sólo una letra de las tantas que
conforman el alfabeto que heredamos de otros pueblos del pasado, pero el hecho
de tener un vehículo de transmisión de fácil comprensión para los pueblos que
hacen uso del mismo alfabeto que nosotros, contribuyó en mucho a la inserción
de la lengua náhuatl en la cultura universal.
¿Pero cuál es, entonces, la pronunciación correcta para las palabras
de origen náhuatl que usan la x? Aún después de todo lo expuesto
anteriormente encontramos difícil el dar una respuesta concreta a esta
pregunta. Recordemos, antes que nada, que desde tiempos tan tempranos como 152O
ya muchas palabras de origen náhuatl habían sido escritas haciendo uso de grafías
latinas en las relaciones de los conquistadores y colonizadores de México. A
este respecto, el filólogo mexicano Juan M. Lope Blanch menciona que “mucho se
ha dicho y comentado sobre la dificultad que tenían los conquistadores y
primeros colonizadores españoles del Nuevo Mundo para pronunciar las palabras
de origen amerindio. […] el ejemplo más evidente de tamaña torpeza es el del
topónimo nahua Cuauhnáuac, convertido, a causa del duro oído de los
españoles, en Cuernavaca.”[30]
Como puede verse, la corrupción de las palabras indígenas en boca de los
conquistadores fue algo común. Sin embargo, como acertadamente nos lo hace ver
el mismo Lope Blanch, varios errores, como el citado anteriormente, se debieron
en muchos casos a errores de lectura que cometieron los amanuenses españoles al
copiar los textos manuscritos de los conquistadores, quienes, “sin duda,
desconocían totalmente la lengua de los aztecas.”[31]
Ahora bien, si en el momento mismo del primer contacto entre europeos
y hablantes nativos del náhuatl se dieron estas corrupciones en la
pronunciación de los vocablos, con más razón se fueron dando a lo largo del
tiempo. Por lo tanto, aludiendo a la cuestión de cuál sería la pronunciación
correcta de las palabras que nos conciernen, creemos conveniente comentar que en
palabras donde podamos optar por una pronunciación como la usada en el náhuatl
clásico deberíamos hacerlo. De ser así, no erraríamos en pronunciar mishiote
para mixiote, shonaca para Xonaca, y de esta manera evitar pronunciaciones como mijiote o Jonaca, formas que,
creemos, nadie aceptaría[32].
Lo mismo sucedería con simplificaciones tan en boga actualmente, en donde el
uso del fonema /s/ se ha vuelto una constante para la pronunciación de la x
en palabras nahuas de uso corriente en el español. De tal manera no es difícil
escuchar misiote, pero no así Sonaca. Sin embargo, es necesario mencionar
que en muchos casos el uso nos obliga a seguir ciertas pronunciaciones que se
alejan del referente clásico. Es impensable el empezar a decir Shochimilco
cuando todos pronuncian Sochimilco, o Méshico cuando todos
pronuncian Méjico. Más raro sería aún proponer que palabras como jacal
o Jalisco regresen a sus formas y pronunciaciones primitivas, e.g., Xahcalli
por jacal o Xalixco por Jalisco.[33]
Por obvias razones, nadie se atrevería a legislar con respecto a cómo
deberían pronunciarse las palabras que estamos tratando. No obstante, suena
oportuno presentar al lector el episodio que consigna el ya memorado Alfonso Reyes
en su artículo La Interrogación Nacional, en el cual, con ese toque que le
caracteriza, nos pone al tanto del ya mencionado conflicto de si la palabra
México debía escribirse con j o con x:
“El comité Directivo de la Campaña Nacionalista -institución de
carácter exclusivamente económico- recibe una descabellada iniciativa para no
cursar en el correo las piezas postales en que la palabra México se escriba con
j, y esto por razón de nacionalismo. Bajan a la palestra los filólogos y
los aventureros de la filología, y se esgrimen toda clase de razones y
sinrazones. […] Y por una confusión de ideas de que ofrece mil ejemplos la
historia, hay ahora una especie de superstición que quiere que el escribir
“México” corresponda a la tradición liberal, y el escribir “Méjico”, a la
conservadora. Tal creencia carece de fundamento: pronto se demuestra que,
indistintamente, liberales y conservadores han bailado al son de la jota o se
han santiguado con la cruz de la equis. Si han de acatar la autoridad de su
pontífice máximo, el sabio Lucas Alamán, los conservadores tendrán entonces que
escribir “Mégico” –que así lo escribía Alamán, o así lo dejaba imprimir en sus
libros, allá por mitad del siglo XIX-. La discusión no es nueva: ya en 1899 dio
motivo, según Luis González Obregón, a que un humorista inventara un quimérico
decreto que mandaba escribir México con x, cargándolo a la conciencia
del Congreso Mexicano de 1823. Y, cuando se demostrara que existió este u otro
decreto, ¿qué valor científico tendría? ¿Quién es el valiente que legisla sobre
la composición del aire que respiramos? La medida no pasaría de ser una regla
administrativa para uniformar documentos públicos. (Marcelo corregía a Tiberio
cierto error gramatical. Capito, adulador, observó que el error del emperador
pronto sería ley. Marcelo, más gramático que cortesano, exclamó: “Capito es un
embustero; porque tú, César, puedes dar la ciudadanía a los hombres, pero no a
las palabras.” Y, sin embargo, nos aseguran que a Luis XIV es imputable,
personalmente, la elisión de la e en el je que viene después del
verbo, en las formas interrogativas: suis-je? verrai-je?)”[34]
Por otra parte, Lope Blanch nos informa que en años recientes
movimientos indigenistas han propugnado por la restitución de la antigua grafía
x y su valor fonético sh en palabras provenientes del náhuatl que los
hablantes pronuncian comúnmente con s, e.g., Xochimilco. No obstante,
para disgusto de los que apoyan este movimiento cultural, sólo se ha logrado restituir
y conservar el uso de la grafía x pero no el sonido sh.[35]
Por lo tanto, no creemos factible el pensar en la promulgación y aprobación de
una norma culta que pronuncie con sh todas la palabras derivadas del
náhuatl que usan la x, en detrimento de una pronunciación popular sujeta más al
uso que a cualquier norma establecida por filólogos o promotores del
indigenismo mexicano. Esto debido a que, como ya lo hemos mencionado
anteriormente, “la lengua evoluciona sin cesar” y son los hablantes los
causantes de los cambios que experimenta la lengua. Entonces, si tomamos el uso
de los hablantes como referente, podemos decir que varias de las formas expuestas
anteriormente son incorrectas etimológicamente hablando, pero aceptables si
tomamos el uso como fundamento.
Creemos, sin embargo, que en un debate como el que origina el uso de la
x en México, el conocimiento del porqué de las cosas es un muy útil
argumento a la hora de decidirnos a pronunciar de una u otra manera, aunque, a
decir verdad, cuestiones como éstas sean muchas veces sólo de la incumbencia de
lingüistas y filólogos. Pero sin haber intentado crear este texto para los
especialistas, deseamos que el lector interesado en el tema deje vagar su vista
por estas palabras y se deleite con su lectura. Por lo tanto, queremos terminar
este escrito haciendo notar el innegable hecho de que nuestro país es tan rico e
infinito en su historia y cultura que siempre habrá razones para seguir
escribiendo acerca de él, por lo que México es y seguirá siendo un referente
obligado para todos aquellos amantes de la historia y la cultura que se
embarquen en largos viajes a través del tiempo, en largos viajes a través de la
historia.
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clásicos, Ábside, México, 19
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Montemayor, Carlos, Diccionario del náhuatl en el español de México,
UNAM, México, 2OO7.
Moorhouse, M. C., Historia del Alfabeto, Fondo de Cultura
Económica, México, 1961.
Moreno de Alba, José G., Minucias del lenguaje, Fondo de
Cultura Económica, México, 7ª Reimpresión. 2O12.
Reyes, Alfonso, La interrogación nacional, Obras completas
VIII, Fondo de Cultura Económica, México, 1958.
[4] Jean-François
Champollion (179O-1832). Importante lingüista francés a quien se atribuye el
desciframiento de la escritura egipcia gracias a sus investigaciones sobre las
inscripciones de la Piedra de Rosetta.
[5] Yuri Valentinovich Knórosov (1922-1999). Notable filólogo ruso a
quien se atribuye el desciframiento de la escritura maya.
[6] El nombre divino que durará para siempre, La Torre del
Vigía, A.R., México, 1984 pp. 7,8.
[10] Es preciso aclarar al lector que el vocablo inglés beautiful proviene
a su vez de la palabra francesa beauté. Un ejemplo netamente inglés de
esta no correspondencia que buscamos presentar serían las palabras look
y night.
[11] Ferdinand de Saussure, Curso de Lingüística
General, Editorial Losada, Argentina, 1945,
pp. 65, 66.
[14] El símbolo /h/ representa
el sonido que daríamos a una j en México. Por otra parte, el símbolo /ʃ/ representa
el sonido presente en palabras del inglés tales como show, shark,
shadow, etc.
[18] Xavier Gómez Robledo, Cómo se pronunciaba
el latín en los siglos clásicos, p. 85.
[20] José G. Moreno de Alba, Minucias del lenguaje, Fondo de
Cultura Económica, México, 2O12, p. 433.
[21] Alfonso Reyes, La
interrogación nacional, Obras Completas, Tomo VIII, Fondo de Cultura
Económica, México, 1958, p. 264.
[22] Ibidem, p. 264.
[23] En este punto cabe aclarar al lector que el proceso por el cual la x
adquirió el valor de sh en el español del siglo XVI nos parece un tema
digno de investigarse. De igual manera creemos necesario hacer otra
investigación sobre la transición de la letra iota del griego ( ι ) a la letra jota ( j ) del español, ya que el cambio se da no sólo en
su forma escrita sino en su valor fonético. Así mismo, otra duda que queda por resolver
es el valor fonético de la letra ( j ) en el español del siglo XVI, ya que no
debemos olvidar la diferencia de pronunciación que
actualmente existe entre la j de México y la j de España.
[25] La frase “carácter
intermedio” se refiere a que la vocal usada en el náhuatl clásico era un sonido
intermedio entre la o y la u, lo cual originó que los misioneros usaran ya sea
una letra o ya sea la otra, puesto que en el español no existe un sonido
semejante.
[27] Fray Jerónimo de Mendieta,
“Historia Eclesiástica Indiana”, en Ángel María Garibay Kintana, Historia
de la literatura náhuatl, Editorial Porrúa, México, 2OOO, p. 15.
[28] Fray Jerónimo de Mendieta,
op. cit., en Miguel León portilla, Estudio preliminar al vocabulario
de Fray Alonso de Molina, Editorial Porrúa, México, 5ª Edición, 2OO4, p.
XXI.
[30] Juan M. Lope Blanch, La toponimia amerindia en el habla de
Hernán Cortés, Homenaje a Rodolfo Oroz, pp. 232, 233
[31] Ibidem, p. 233.
[32] Cabe aclarar al lector
que Xonaca es una colonia de la ciudad de Puebla. Ahí, la pronunciación es con
el sonido sh. No pasa lo mismo, por el contrario, con el vocablo Jonacatepec,
localidad del estado de Morelos y famosa por su festival cultural de la cebolla.
Este caso ejemplifica a la perfección el problema que venimos discutiendo, ya
que, como puede verse, lo que para ciertos hablantes es aceptable para otros no
lo es.
[33] Las formas xahcalli
y Xalixco fueron tomadas del diccionario del náhuatl en el español de
México coordinado por Carlos Montemayor.
[35] Juan M. Lope Blanch, op. cit., p. 241. “La solución secular /s/ ha recibido durante los
últimos lustros el acoso del indigenismo cultural, que pugna por reponer la
prepalatal /š/ antigua, cosa que ha conseguido en la escritura, pero no en la
pronunciación de los hablantes mexicanos.”
Muy interesante la investigación de la procedencia del sonido de la "x". ¡Muchas felicidades teacheeeer Martín! Enjoy "x"
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