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Mexistoría es una empresa especializada en la prestación de servicios de consultoría en el área de la antropología social y la historia de México. Nos centramos en la planeación de seminarios, talleres, conferencias, cursos y visitas culturales para el sector público y privado, y que buscan difundir la riqueza cultural que se encuentra en nuestro entorno, y de esta manera crear una conciencia de valoración y respeto por parte del ciudadano y visitante en nuestro país. Tenemos la firme convicción de que el conocimiento de nuestra historia es el eslabón entre la riqueza como individuos y como nación.

domingo, 1 de febrero de 2015

MARTÍN CARRILLO IBÁÑEZ.
MEXISTORÍA  CONSULTORÍA  ANTROPOLÓGICA ®


Historia de una
Letra Griega en México. 


S
on las palabras un vehículo eficaz para que el lector amante de la historia se embarque en largos viajes a través del tiempo. Desde Herodoto hasta nuestros días, el lenguaje escrito ha sido utilizado para consignar, comunicar y preservar hechos y acontecimientos del pasado. Es por ello que la escritura ha jugado un papel de primer orden en el oficio de historiar, ya que “puede[…] conservar su mensaje por un lapso indefinido.”[1] No pasa lo mismo, en cambio, con la tradición oral, puesto que ésta se encuentra siempre sujeta a la memoria y a la existencia de los individuos que la conservan y pasan los datos de su historia de generación en generación.

            Recordemos que para ayudar a la memoria, primeramente, el ser humano se apoyó en imágenes capaces de representar su entorno. De esta manera surgen los pictogramas, dibujos de animales, personas o cosas, los cuales denotan una situación o acción determinada. Posteriormente, el surgimiento de los ideogramas sentó las bases del desarrollo “de todo un sistema independiente en el mundo.”[2] En su libro Historia del Alfabeto, A. C. Moorhouse nos dice que los ideogramas “son signos que representan ideas, cualidades, acciones y algunas veces objetos, ninguno de los cuales puede representarse directamente por medio de un pictograma […]. En tanto que los pictogramas son sólo copias de la naturaleza, los ideogramas son creaciones nuevas que estimulan las facultades inventivas de los autores.”[3]

Al mencionar escuetamente los sistemas pictográfico e ideográfico no hacemos más que referirnos a los albores de un proceso cultural complejo. No debemos olvidar, por lo tanto, que la escritura pasó por distintas etapas a lo largo de su desarrollo y que muchos sistemas de escritura no lograron madurar o perdurar en su uso e inteligibilidad debido a circunstancias diversas. Por tal motivo, muchos de estos sistemas cayeron en desuso y se convirtieron en un cúmulo de secretos que ya nadie podía descifrar. Ejemplos de lo anterior son las escrituras egipcia y maya, las cuales aguardaron en silencio hasta que un Champollion[4] o un Knórosov[5] nos develaran sus misterios.
           
No obstante, cabe hacer hincapié en el hecho innegable de que aun cuando un sistema escrito puede sufrir pocos cambios cuando ya se ha consolidado, no pasa lo mismo con la forma en que se pronuncia. Citemos a manera de ejemplo el caso del Tetragrámaton hebreo (יהוה) que representa el nombre de Dios. Esta palabra ha despertado gran polémica a través de los años, puesto que a ciencia cierta nadie, según lo que conocemos, sabe cómo debe pronunciarse. Esto debido a que las letras que se emplean en el nombre son sólo consonantes (YHWH). Algunos estudiosos como el Dr. M. Reisel concuerdan con que “originalmente la lectura del Tetragrámaton con sus vocales debe haber sido Y ͤ HūàH o YaHūàH”.[6] Por otra parte, “el canónigo D. D. Williams, de Cambridge, sostuvo que la ‘evidencia indica, o mejor, casi prueba, que la pronunciación verdadera del Tetragrámaton no era Jāhwéh […] El Nombre mismo probablemente era JĀHȎH’.”[7]  

Lo único cierto en este debate es que la pronunciación original del Tetragrámaton se perdió debido a la prohibición que imperó en el judaísmo con respecto a la mención del nombre de Dios al realizar las lecturas de las sagradas escrituras. La palabraיהוה  se conservó en los textos pero al tener que leerse se sustituyó por otros nombres como el de Hashem (השם), Adonai (אדני) o Elohim (אלהים). En un texto de educación bíblica de 1984 se nos menciona lo siguiente con respecto al tema que nos atañe: “Mientras el hebreo antiguo fue un idioma de uso cotidiano [la pronunciación del Tetragrámaton] no presentó problema alguno. Los israelitas estaban familiarizados con la pronunciación del Nombre [de Dios], y cuando lo veían escrito [pronunciaban] las vocales sin pensarlo. […] Esta situación cambió debido a dos sucesos. Primero, entre los judíos surgió la idea supersticiosa de que era malo pronunciar el nombre divino en voz alta; por eso, cuando llegaban a él en su lectura de la Biblia pronunciaban la palabra hebrea ‘Adhonaí (Señor Soberano). Además, con el transcurso del tiempo el mismísimo idioma hebreo antiguo cesó de usarse en la conversación diaria, y así llegó el tiempo en que la pronunciación original hebrea del nombre de Dios pasó al olvido.”[8] 

Cabe aclarar que la escritura del hebreo deriva del alfabeto semita, el cual constaba de veintidós letras consonánticas. Una de las características de este alfabeto fue la orientación de su escritura, la cual “seguía la dirección de derecha a izquierda. No había vocales […] Por lo tanto, era necesario, al leer la escritura, suplir mentalmente las vocales necesarias. Para este propósito cuatro letras que representaban sonidos de vocales débiles (ʼāleph y , yōd y wau) llegaron finalmente a utilizarse para denotar las vocales largas ā, ῑ, ū, respectivamente […]; se desarrolló un esquema aún más completo de notación vocálica en siriaco, árabe y hebreo, mediante el uso de “puntos” vocálicos o signos diacríticos. […] Pero ningún sistema llegó a ser de uso general. Es posible que ni siquiera estos pasos se habrían dado de no haber sido necesario, para fines religiosos, conocer la pronunciación exacta de las antiguas escrituras. […] En el uso corriente no se pensó que fuera hasta tal punto esencial contar con una exactitud tan precisa, y las diversas notaciones vocálicas casi no se emplearon más que para escribir textos religiosos […].”[9]    

Pero si observamos esta ausencia de vocales escritas en una lengua perteneciente a la familia de las lenguas semíticas, es menester que hagamos notar el caso opuesto en lenguas romances como el francés o germanas como el inglés, cuyo sistema de escritura, a diferencia del hebreo, sí representa las vocales. No obstante, pese a que las lenguas citadas anteriormente hacen uso de un alfabeto derivado del griego, en donde, salvo algunas excepciones, había una correspondencia de letra y sonido, no es raro encontrarnos con palabras como boulevard /bulvaʀ/ del francés y beautiful /ˈbjuːtɪfl/ del inglés[10]. Los dos vocablos anteriores ejemplifican a la perfección el problema que buscamos plantear, puesto que, como puede observarse, en ambas palabras aparecen secuencias de dos o más vocales escritas que poco se relacionan con la manera en que un hablante nativo de dichas lenguas pronunciaría estas palabras. Por otra parte, mucho diferiría la pronunciación de dichos vocablos si hacemos uso del criterio de correspondencia letra-sonido heredada de los griegos y que aplicaría un hablante nativo de español que nada supiera de la pronunciación del francés o inglés.          

            Para aclarar el punto anterior con respecto a la correspondencia letra-sonido, cabe citar lo que Ferdinand de Saussure, célebre lingüista francés de finales del siglo XIX,  mencionaba al respecto: “El alfabeto griego primitivo merece nuestra admiración. Cada sonido simple está representado en él por un solo signo gráfico, y, a la recíproca, cada signo corresponde a un sonido simple, siempre el mismo. Es un descubrimiento genial, que los latinos heredaron. En la escritura de la palabra bárbaros, , ΒΑΡΒΑΡΟΣ, cada letra corresponde a un tiempo homogéneo […].”[11] Sin embargo, contrario a lo que podría pensarse, es en el mismo griego donde surgen letras para representar dos sonidos que se pronuncian conjuntamente. Las letras Χ, Θ, Φ se usaron para representar las combinaciones “kh, th, ph; ΦΕΡΩ representa phérō; pero ésta es una innovación posterior, las inscripciones arcaicas escriben ΚΗΑΡΙΣ y no ΧΑΡΙΣ.”[12] 

            Aunado a lo expuesto anteriormente, no debemos olvidar que en su uso para escribir distintas lenguas, no sólo europeas sino de distintas partes del mundo, las letras tuvieron que ajustarse o cambiar su valor fonético para representar los sonidos de las distintas lenguas a las que se adaptó. Además, es preciso recordar que si una lengua tiende a cambiar en su forma escrita, con más razón lo hará en su forma hablada. Nos dice Saussure que la función primaria de la escritura es representar la lengua, sin embargo, “la lengua evoluciona sin cesar mientras que la escritura tiende a permanecer inmóvil. De ello se deduce que la grafía termina por no corresponder ya a aquello que debe representar”[13] Esto puede explicar, aunque parcialmente, el porqué muchas lenguas difieren en la pronunciación de las palabras con respecto a su ortografía. Es por ello que para poder representar adecuadamente la pronunciación de las lenguas se recurrió a la creación de un alfabeto fonético internacional, el cual ayudó en mucho a que mediante la utilización de símbolos fonéticos (símbolos que representan sonidos no letras) se pudiera representar la pronunciación estandarizada de una palabra aislada.

Podría pensarse que en el español no encontraremos estas situaciones ya que se piensa, en muchos casos erróneamente, que en nuestra lengua sí existe una correspondencia directa entre las letras y el sonido que éstas representan. Y decimos erróneamente porque entonces ¿qué pasa con letras como la H, la cual no representa ningún sonido en español, o la combinación de la C y la H para representar un sonido que nada tiene que ver con la C o con la asonante H? Otro ejemplo podría ser el caso de la doble ele (ll) cuya función no es alargar el sonido de esta consonante como en el latín o el italiano, sino que denota un sonido totalmente distinto al de /l/. Ahora bien, si con estas letras observamos estas cuestiones, hay otra letra más que presenta un problema a la hora de pronunciarla en palabras provenientes del náhuatl tales como mixiote, Xochimilco, Xonaca y México, por dar sólo algunos ejemplos.

El problema al que nos referimos radica en la polivalencia fonética de la letra x en palabras como las citadas en el párrafo anterior, puesto que en nuestro país la letra x puede representar distintos sonidos como /ks/, /h/, /ʃ/[14] e inclusive /s/. ¿Pero de dónde surge esta polivalencia de la letra x en México que sigue causando problemas a quien no está habituado a las palabras nahuas que la usan? Es indiscutible que en muchos casos, como hablantes del español de México, nos dejamos guiar por la pronunciación que comúnmente escuchamos de los otros. No obstante, cabe hacernos la pregunta: ¿cuál es, entonces, la pronunciación “correcta” para las palabras en cuestión? Con la intención de responder a ésta y otras preguntas hemos desarrollado este breve ensayo, cuyo tema medular es presentar al lector una breve reseña histórica de cómo la letra x llegó a ser usada en palabras del náhuatl y por qué.

Empecemos por hablar un poco del griego, cuyo alfabeto fue la pauta para el desarrollo del alfabeto que usamos actualmente. El alfabeto griego desciende del alfabeto fenicio, el cual, a su vez, es un derivado del antiguo alfabeto semita. En sus inicios, la dirección de la escritura en griego era de derecha a izquierda. Posteriormente se usó la escritura bustrofedon, que consistía en escribir una línea de derecha a izquierda y la siguiente de izquierda a derecha, y así sucesivamente. Por último, se optó por que la escritura arrancase en el lado izquierdo y terminara en el derecho. Un gran avance en la escritura que se logró con los griegos fue la creación de letras para representar las vocales, lo cual “resultó de importancia vital para convertir el alfabeto en un adecuado medio de expresión fonético.”[15]


El alfabeto griego arcaico contó con veintitrés letras, de las cuales sólo una ( Y úpsilon) no figuraba en el alfabeto fenicio. Luego, debido a la desunión que imperaba en los pueblos griegos de aquel tiempo, el alfabeto sufrió varios cambios debidos a las necesidades locales de los usuarios, lo que originó el desarrollo de distintas variaciones. Las más representativas fueron las que conformaron el alfabeto oriental y el alfabeto occidental. El alfabeto oriental fue ampliamente usado en Atenas, Corinto, Argos, y las islas egeas. Por otra parte, el alfabeto occidental fue utilizado en los territorios de Euboea, Beocia y parte del Peloponeso, con sus colonias en Italia y Sicilia. Asimismo, se lleva a cabo la inclusión de tres letras nuevas en el alfabeto. Tales letras fueron  , ,. La diferencia entre un alfabeto y el otro radicaba “en el  uso que hicieron de dos de las tres letras nuevas añadidas después de la vocal u (ypsilon). La primera de las letras nuevas fue phi, y tenía el valor de ph en ambos tipos. La segunda fue : el valor occidental fue ks (x), con el nombre xi, pero el valor oriental era kh […], con el nombre de khi. La tercera letra fue : tenía el valor occidental kh, nombre khi, pero en oriental tenía el valor ps, y el nombre psi.”[16] Cabe comentar que en el griego arcaico se usó el signo  para representar la combinación de sonidos ks. Su nombre era xei (ksei). Esta letra se mantuvo, aunque modificada (Ξ), en el alfabeto oriental. Por el contrario, el alfabeto occidental prescindió de ella. No obstante, el alfabeto occidental tuvo, como se mencionó líneas arriba, la letra para representar la combinación de sonidos ks.
   
Son los etruscos quienes hacen un extenso uso del alfabeto griego occidental, el cual, se cree, tomaron de una de las colonias griegas establecidas al sur de Italia. De ellos lo aprendieron los romanos, pueblo que se encargaría de propagar su propia versión del alfabeto a lo largo del vasto imperio que crearon. Según M. C. Moorehouse, “Quintiliano, que escribió a mediados del siglo I d. c., dice que la X era la última letra del alfabeto latino.”[17] Lo anterior nos indica que para esas fechas la letra x ya se encuentra en el alfabeto latino y ha obtenido su posición definitiva. En latín la x tiene el valor de ks, de lo que concluimos que el latín hizo uso de la letra x con el valor fonético del alfabeto occidental. En la lengua de Roma no existía el sonido que denotaba la x en el alfabeto oriental, “pero en tiempo de Cicerón la moda griega hizo que algunos aspiraran la c […]  en palabras que venían del griego o del etrusco, o en otras como ‘Pulcher’”.[18] De esto se entiende que para representar la aspiración de la letra xi del griego oriental, los latinos utilizaron la combinación de la letra C con la letra H (eta), que en el alfabeto occidental representaba el sonido aspirado /h/. Por otra parte, el mismo A. C. Moorehouse agrega que “el nombre ix, que se dio a la X, es lo contrario del griego xi, lo cual obedece quizá al hecho de que ninguna palabra latina comenzaba con x.”[19]

Después de haber esclarecido el valor fonético de la letra x en los alfabetos oriental y occidental, y de conocer su valor en el latín clásico, es necesario establecer el valor de esta letra en el habla hispana del siglo XVI, pues no debemos pasar por alto el hecho de que el territorio de la antigua Hispania fue una provincia romana en la cual surge el antecedente de la lengua que hablamos actualmente. Diversos autores han ya discutido el tema del valor que la letra x tuvo en el español del siglo XVI, sin embargo, merece nuestra atención lo mencionado por dos autores mexicanos con respecto al asunto que nos concierne.

En su breve pero interesante artículo, Sobre la  “X” de México, José G. Moreno de Alba nos refiere que el tema sobre cómo escribir la palabra México ha despertado acaloradas discusiones. Nos menciona que algunos intelectuales y escritores estaban a favor del uso de la letra J en dicha palabra (Méjico) mientras que otros defendían el uso de la x. Pero para entender este acalorado debate, es necesario saber un poco sobre “las modificaciones fonológicas del español del siglo XVI, entre ellas el cambio de sh (escrita x) a j, que afectó no sólo a las voces españolas (dixo = dijo) sino también a la mayoría de indigenismos que tenían el fonema sh (exotl ejote, wexolotl guajolote, etc).”[20] Así lo constata Alfonso Reyes, cuando nos dice que “en el siglo de la conquista la x española tenía todavía el sonido de sh, aunque por bivalencia fonética tenía ya también el de j.”[21] Este mismo autor agrega que “el sonido sh aparecía en la palabra indígena que los españoles quisieron imitar con su grafía. Y la voz México, montada en la corriente de la x, fue arrastrada en la evolución de este fonema. Así vino, con el tiempo, a decirse ‘Méjico’.”[22]

Así las cosas, no debemos sorprendernos que en la versión facsimilar del vocabulario en lengua castellana y mexicana de Fray Alonso de Molina, publicado en el ya distante año de 1571, nos encontremos con palabras como Lexos (lejos), Exercito (ejército), Paxaro (pájaro) y Caxa (caja), por mencionar sólo algunos ejemplos. Entendamos, pues, que durante el siglo XVI, en las palabras mencionadas anteriormente, la x podía ser pronunciada como un sonido /sh/ o un sonido /h/. No obstante, debemos hacer notar que al adoptarse como general la pronunciación /h/ para la letra x, ésta terminó siendo sustituida por la letra j.[23]

En el mismo siglo XVI se da la conquista del llamado Imperio Mexica a manos del legendario Hernán Cortés. Tras la caída de la ciudad de México-Tenochtitlán llegan religiosos para llevar a cabo la evangelización de la población nativa. Es entonces cuando surge el interés por estudiar y aprender la lengua náhuatl debido a su carácter de lengua franca a lo largo del imperio mexica, lo cual facilitaría en mucho la misión evangelizadora. Es por ello que los frailes se dan a la ardua tarea de escribir la lengua náhuatl haciendo uso de las letras del alfabeto latino, ya que el sistema de escritura de los antiguos nahuas era de tipo ideográfico y logosilábico. Por otra parte, cabe recordar que la lengua náhuatl pertenece a la familia yutoazteca, lo que la hace distinta en estructura y forma con respecto a las lenguas de Europa. El náhuatl llamado clásico (náhuatl del siglo XVI) contaba con menos sonidos con respecto al español. Esto facilitó en mucho la adaptación de la lengua a las grafías latinas, empero, se presentaron distintos problemas al tratar de representar sonidos que no existían en español o al decidir qué letras se deberían usar para un solo sonido, puesto que, como veremos a continuación, el español hace uso de distintas letras para representar un mismo sonido.

En su libro Llave del Náhuatl, el padre Ángel María Garibay Kintana menciona que “uno de los empeños primarios de los Misioneros cristianos fue reducir la lengua náhuatl al alfabeto castellano de la época. Esta adaptación reprodujo todas las ventajas y los defectos del alfabeto en uso. Si es verdad que cada signo representa un sonido, también lo es que a un solo sonido corresponden a veces dos signos. Vgr. el sonido K=C, QU […].”[24] De igual manera, el padre Garibay comenta que “en las vocales el sistema de representación es uniforme en los Mss. Sólo por lo que toca a la O-U hay variedad, pero esto no depende de que se siga diverso sistema, sino de su carácter intermedio[25]. Es la razón de que se halle en el mismo autor, Sahagún, por ej.: uncan, oncan, umpa, ompa.”[26]

Fray Jerónimo de Mendieta nos ha legado uno de los pasajes más ilustrativos sobre la manera en que los misioneros franciscanos llevaron a cabo el proceso de escritura de la lengua náhuatl y la creación de sus vocabularios. En su célebre libro Historia Eclesiástica Indiana podemos leer el siguiente pasaje: “Dejando a ratos (los frailes) la gravedad de sus personas, se ponían a jugar con los niños…, y tenían siempre papel y tinta en las manos, y en oyendo el vocablo al indio, escribíanlo y al propósito que lo dijo. Y en la tarde juntábanse los religiosos y comunicaban los unos a los otros sus escriptos, y lo mejor que podían conformaban aquellos vocablos al romance que les parecía más convenir.”[27] Otra manera en que los frailes se apoyaron para el estudio y conocimiento de la lengua náhuatl fue mediante el uso de intérpretes. Cabe destacar el papel que jugó Alonso de Molina en el estudio, enseñanza, e interpretación de esta lengua.

Nace Fray Alonso de Molina en la región española de Extremadura, hacia el año 1513. Siendo aún niño pasa a la Nueva España en compañía de sus padres. Allí entra en contacto con niños de su misma edad, de los cuales aprenderá la lengua náhuatl, logrando así poseer un conocimiento profundo de sus vocablos, frases, usos y estructura. Desde temprana edad entra al servicio de los frailes franciscanos como intérprete y maestro de la lengua. El mismo Fray Jerónimo de Mendieta incluye un pasaje sobre la vida de Molina en su Historia Eclesiástica Indiana, el cual dice lo siguiente: “Fray Alonso de Molina vino con sus padres, niño, a estas partes de la Nueva España, luego como se conquistó. Y como era de poca edad, deprendió con facilidad la lengua de los indios mexicanos. Y cuando comenzaron los primeros doce padres a cultivar esta viña del Señor, éste niño les sirvió de interprete y enseñó a algunos de ellos la lengua mexicana…”[28]        

Molina llegó a ser un profuso escritor en lengua náhuatl. Escribió ordenanzas, doctrinas y vocabularios, entre otras obras. Toca a Molina el mérito de ser el primer escritor nahuatlato en ver impresa y publicada una de sus obras (1546). Uno de sus trabajos más sobresalientes es su vocabulario en lengua castellana y mexicana, el cual fue publicado por primera vez el año de 1555. La existencia de su vocabulario sentó las bases para una escritura estandarizada del náhuatl en aquellos tiempos. Sabemos, por otra parte, que los primeros alfabetizadores del náhuatl fueron Fray Andrés de Olmos y Fray Toribio de Benavente Motolinía. No obstante, el padre Garibay nos menciona que “la justicia exige […]  que demos la gloria de ser el primer alfabetizador del náhuatl a Fray Pedro de Gante. Fue en el tiempo quien, con sus dos colegas [Olmos y Motolinía[, comenzó el estudio de la lengua, y la vida entera se le fué después en ‘enseñar a leer, escribir y cantar’ como él decía.”[29]   

El poner la lengua náhuatl por escrito derivó en la recuperación y conservación de la antigua literatura y la tradición histórica y cultural de los nahuas. Un ejemplo de ello es, sin duda, el impresionante libro de Fray Bernardino de Sahagún, Historia General de las Cosas de Nueva España, verdadera fuente de conocimiento de un mundo que se negaba a perecer. A través de las letras ese mundo ha llegado a nosotros, y a través de las letras seguirá viviendo. Ha sido nuestra tarea hacer una revisión general del proceso que siguió el alfabeto para llegar a México tomando como referente el desarrollo de la letra x. Es notorio, desde luego, que la x es sólo una letra de las tantas que conforman el alfabeto que heredamos de otros pueblos del pasado, pero el hecho de tener un vehículo de transmisión de fácil comprensión para los pueblos que hacen uso del mismo alfabeto que nosotros, contribuyó en mucho a la inserción de la lengua náhuatl en la cultura universal.

¿Pero cuál es, entonces, la pronunciación correcta para las palabras de origen náhuatl que usan la x? Aún después de todo lo expuesto anteriormente encontramos difícil el dar una respuesta concreta a esta pregunta. Recordemos, antes que nada, que desde tiempos tan tempranos como 152O ya muchas palabras de origen náhuatl habían sido escritas haciendo uso de grafías latinas en las relaciones de los conquistadores y colonizadores de México. A este respecto, el filólogo mexicano Juan M. Lope Blanch menciona que “mucho se ha dicho y comentado sobre la dificultad que tenían los conquistadores y primeros colonizadores españoles del Nuevo Mundo para pronunciar las palabras de origen amerindio. […] el ejemplo más evidente de tamaña torpeza es el del topónimo nahua Cuauhnáuac, convertido, a causa del duro oído de los españoles, en Cuernavaca.”[30] Como puede verse, la corrupción de las palabras indígenas en boca de los conquistadores fue algo común. Sin embargo, como acertadamente nos lo hace ver el mismo Lope Blanch, varios errores, como el citado anteriormente, se debieron en muchos casos a errores de lectura que cometieron los amanuenses españoles al copiar los textos manuscritos de los conquistadores, quienes, “sin duda, desconocían totalmente la lengua de los aztecas.”[31]

Ahora bien, si en el momento mismo del primer contacto entre europeos y hablantes nativos del náhuatl se dieron estas corrupciones en la pronunciación de los vocablos, con más razón se fueron dando a lo largo del tiempo. Por lo tanto, aludiendo a la cuestión de cuál sería la pronunciación correcta de las palabras que nos conciernen, creemos conveniente comentar que en palabras donde podamos optar por una pronunciación como la usada en el náhuatl clásico deberíamos hacerlo. De ser así, no erraríamos en pronunciar mishiote para mixiote, shonaca para Xonaca, y de esta manera evitar pronunciaciones como mijiote o Jonaca, formas que, creemos, nadie aceptaría[32]. Lo mismo sucedería con simplificaciones tan en boga actualmente, en donde el uso del fonema /s/ se ha vuelto una constante para la pronunciación de la x en palabras nahuas de uso corriente en el español. De tal manera no es difícil escuchar misiote, pero no así Sonaca. Sin embargo, es necesario mencionar que en muchos casos el uso nos obliga a seguir ciertas pronunciaciones que se alejan del referente clásico. Es impensable el empezar a decir Shochimilco cuando todos pronuncian Sochimilco, o Méshico cuando todos pronuncian Méjico. Más raro sería aún proponer que palabras como jacal o Jalisco regresen a sus formas y pronunciaciones primitivas, e.g., Xahcalli por jacal o Xalixco por Jalisco.[33]

Por obvias razones, nadie se atrevería a legislar con respecto a cómo deberían pronunciarse las palabras que estamos tratando. No obstante, suena oportuno presentar al lector el episodio que consigna el ya memorado Alfonso Reyes en su artículo La Interrogación Nacional, en el cual, con ese toque que le caracteriza, nos pone al tanto del ya mencionado conflicto de si la palabra México debía escribirse con j o con x:

“El comité Directivo de la Campaña Nacionalista -institución de carácter exclusivamente económico- recibe una descabellada iniciativa para no cursar en el correo las piezas postales en que la palabra México se escriba con j, y esto por razón de nacionalismo. Bajan a la palestra los filólogos y los aventureros de la filología, y se esgrimen toda clase de razones y sinrazones. […] Y por una confusión de ideas de que ofrece mil ejemplos la historia, hay ahora una especie de superstición que quiere que el escribir “México” corresponda a la tradición liberal, y el escribir “Méjico”, a la conservadora. Tal creencia carece de fundamento: pronto se demuestra que, indistintamente, liberales y conservadores han bailado al son de la jota o se han santiguado con la cruz de la equis. Si han de acatar la autoridad de su pontífice máximo, el sabio Lucas Alamán, los conservadores tendrán entonces que escribir “Mégico” –que así lo escribía Alamán, o así lo dejaba imprimir en sus libros, allá por mitad del siglo XIX-. La discusión no es nueva: ya en 1899 dio motivo, según Luis González Obregón, a que un humorista inventara un quimérico decreto que mandaba escribir México con x, cargándolo a la conciencia del Congreso Mexicano de 1823. Y, cuando se demostrara que existió este u otro decreto, ¿qué valor científico tendría? ¿Quién es el valiente que legisla sobre la composición del aire que respiramos? La medida no pasaría de ser una regla administrativa para uniformar documentos públicos. (Marcelo corregía a Tiberio cierto error gramatical. Capito, adulador, observó que el error del emperador pronto sería ley. Marcelo, más gramático que cortesano, exclamó: “Capito es un embustero; porque tú, César, puedes dar la ciudadanía a los hombres, pero no a las palabras.” Y, sin embargo, nos aseguran que a Luis XIV es imputable, personalmente, la elisión de la e en el je que viene después del verbo, en las formas interrogativas: suis-je? verrai-je?)”[34] 

Por otra parte, Lope Blanch nos informa que en años recientes movimientos indigenistas han propugnado por la restitución de la antigua grafía x y su valor fonético sh en palabras provenientes del náhuatl que los hablantes pronuncian comúnmente con s, e.g., Xochimilco. No obstante, para disgusto de los que apoyan este movimiento cultural, sólo se ha logrado restituir y conservar el uso de la grafía x pero no el sonido sh.[35] Por lo tanto, no creemos factible el pensar en la promulgación y aprobación de una norma culta que pronuncie con sh todas la palabras derivadas del náhuatl que usan la x, en detrimento de una pronunciación popular sujeta más al uso que a cualquier norma establecida por filólogos o promotores del indigenismo mexicano. Esto debido a que, como ya lo hemos mencionado anteriormente, “la lengua evoluciona sin cesar” y son los hablantes los causantes de los cambios que experimenta la lengua. Entonces, si tomamos el uso de los hablantes como referente, podemos decir que varias de las formas expuestas anteriormente son incorrectas etimológicamente hablando, pero aceptables si tomamos el uso como fundamento.

Creemos, sin embargo, que en un debate como el que origina el uso de la x en México, el conocimiento del porqué de las cosas es un muy útil argumento a la hora de decidirnos a pronunciar de una u otra manera, aunque, a decir verdad, cuestiones como éstas sean muchas veces sólo de la incumbencia de lingüistas y filólogos. Pero sin haber intentado crear este texto para los especialistas, deseamos que el lector interesado en el tema deje vagar su vista por estas palabras y se deleite con su lectura. Por lo tanto, queremos terminar este escrito haciendo notar el innegable hecho de que nuestro país es tan rico e infinito en su historia y cultura que siempre habrá razones para seguir escribiendo acerca de él, por lo que México es y seguirá siendo un referente obligado para todos aquellos amantes de la historia y la cultura que se embarquen en largos viajes a través del tiempo, en largos viajes a través de la historia.


Bibliografía.

De Molina, Fray Alonso, Vocabulario en lengua castellana y mexicana y mexicana y castellana, Editorial Porrúa, México, Edición facsimilar, 5ª Edición, 2OO4.

De Saussure, Ferdinand, Curso de lingüística general, Editorial Losada, Argentina, 1945.

Garibay K., Ángel María, Historia de la literatura Náhuatl, Editorial Porrúa, México, 2ª Edición, 2OOO.

Garibay K., Ángel María, Llave del náhuatl, Editorial Porrúa, México, 9ª Edición, 2OO7.

Gómez Robledo, Xavier, Cómo se pronunciaba el latín en los siglos clásicos, Ábside, México, 19

Lope Blanch, Juan M., La toponimia amerindia en el habla de Hernán Cortés.


Montemayor, Carlos, Diccionario del náhuatl en el español de México, UNAM, México, 2OO7.

Moorhouse, M. C., Historia del Alfabeto, Fondo de Cultura Económica, México, 1961.

Moreno de Alba, José G., Minucias del lenguaje, Fondo de Cultura Económica, México, 7ª Reimpresión. 2O12.

Reyes, Alfonso, La interrogación nacional, Obras completas VIII, Fondo de Cultura Económica, México, 1958.




[1] A. C. Moorhouse, Historia del alfabeto, Fondo de Cultura Económica, México, 1961. p. 15.
[2] Ibidem, p. 25.
[3] Ibidem, p. 28.
[4] Jean-François Champollion (179O-1832). Importante lingüista francés a quien se atribuye el desciframiento de la escritura egipcia gracias a sus investigaciones sobre las inscripciones de la Piedra de Rosetta.
[5] Yuri Valentinovich Knórosov (1922-1999). Notable filólogo ruso a quien se atribuye el desciframiento de la escritura maya.
[6] El nombre divino que durará para siempre, La Torre del Vigía, A.R., México, 1984 pp. 7,8.
[7] Ibidem, p. 7
[8] Idem.                                                                                                                           
[9] A. C. Moorehouse, op. cit., pp. 135, 136.
[10] Es preciso aclarar al lector que el vocablo inglés beautiful proviene a su vez de la palabra francesa beauté. Un ejemplo netamente inglés de esta no correspondencia que buscamos presentar serían las palabras look y night
[11] Ferdinand de Saussure, Curso de Lingüística General, Editorial Losada, Argentina, 1945,  pp. 65, 66.
[12] Ibidem, p. 66.
[13] Ibidem, p. 54.
[14] El símbolo /h/ representa el sonido que daríamos a una j en México. Por otra parte, el símbolo /ʃ/ representa el sonido presente en palabras del inglés tales como show, shark, shadow, etc. 
[15] A. C. Moorehouse, op. cit., p. 177.
[16] A. C. Moorehouse, op. cit., pp. 180, 181.
[17] Ibidem, p. 191.
[18] Xavier Gómez Robledo, Cómo se pronunciaba el latín en los siglos clásicos, p. 85.
[19] A. C. Moorehouse, op. cit., p. 191.
[20] José G. Moreno de Alba, Minucias del lenguaje, Fondo de Cultura Económica, México, 2O12,  p. 433.
[21] Alfonso Reyes, La interrogación nacional, Obras Completas, Tomo VIII, Fondo de Cultura Económica, México, 1958, p. 264.
[22] Ibidem, p. 264.
[23] En este punto cabe aclarar al lector que el proceso por el cual la x adquirió el valor de sh en el español del siglo XVI nos parece un tema digno de investigarse. De igual manera creemos necesario hacer otra investigación sobre la transición de la letra iota del griego ( ι ) a la letra jota ( j ) del español, ya que el cambio se da no sólo en su forma escrita sino en su valor fonético. Así mismo, otra duda que queda por resolver es el valor fonético de la letra ( j ) en el español del siglo XVI, ya que no debemos olvidar la diferencia de pronunciación que actualmente existe entre la j de México y la j de España.
[24] Ángel María Garibay Kintana, Llave del náhuatl, Editorial Porrúa, México, 2OO7, p. 25.
[25] La frase “carácter intermedio” se refiere a que la vocal usada en el náhuatl clásico era un sonido intermedio entre la o y la u, lo cual originó que los misioneros usaran ya sea una letra o ya sea la otra, puesto que en el español no existe un sonido semejante.
[26] Ángel María Garibay Kintana, op. cit., pp. 25, 26. 
[27] Fray Jerónimo de Mendieta, “Historia Eclesiástica Indiana, en Ángel María Garibay Kintana, Historia de la literatura náhuatl, Editorial Porrúa, México, 2OOO, p. 15.
[28] Fray Jerónimo de Mendieta, op. cit., en Miguel León portilla, Estudio preliminar al vocabulario de Fray Alonso de Molina, Editorial Porrúa, México, 5ª Edición, 2OO4, p. XXI.
[29] Ángel María Garibay Kintana, Historia de la literatura náhuatl, op. cit., p. 16.
[30] Juan M. Lope Blanch, La toponimia amerindia en el habla de Hernán Cortés, Homenaje a Rodolfo Oroz, pp. 232, 233
[31] Ibidem, p. 233.
[32] Cabe aclarar al lector que Xonaca es una colonia de la ciudad de Puebla. Ahí, la pronunciación es con el sonido sh. No pasa lo mismo, por el contrario, con el vocablo Jonacatepec, localidad del estado de Morelos y famosa por su festival cultural de la cebolla. Este caso ejemplifica a la perfección el problema que venimos discutiendo, ya que, como puede verse, lo que para ciertos hablantes es aceptable para otros no lo es.
[33] Las formas xahcalli y Xalixco fueron tomadas del diccionario del náhuatl en el español de México coordinado por Carlos Montemayor.
[34] Alfonso Reyes, op. cit., pp. 261, 262.
[35] Juan M. Lope Blanch, op. cit., p. 241. “La solución secular /s/ ha recibido durante los últimos lustros el acoso del indigenismo cultural, que pugna por reponer la prepalatal /š/ antigua, cosa que ha conseguido en la escritura, pero no en la pronunciación de los hablantes mexicanos.”






1 comentario:

  1. Muy interesante la investigación de la procedencia del sonido de la "x". ¡Muchas felicidades teacheeeer Martín! Enjoy "x"

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