CINTHIA CURIEL GONZÁLEZ
Y
MARTÍN CARRILLO IBÁÑEZ
.
Y
MARTÍN CARRILLO IBÁÑEZ
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MEXISTORÍA CONSULTORÍA ANTROPOLÓGICA ®
La Biblia y Sus Traducciones:
Un acercamiento al trabajo de traducción de Martín Lutero
Un acercamiento al trabajo de traducción de Martín Lutero
Desde antaño, el texto que ahora se
conoce como Biblia se ha visto sujeto a traducciones a distintas lenguas.
Ejemplo de ello son las llamadas targumim,
traducciones del Antiguo Testamento a la lengua aramea destinadas a un público
judeo-arameo.[1] Esto
se debió, en gran parte, a que la lengua hebrea en que se encontraba escrito el
libro sagrado de los judíos había dejado de ser comprensible para muchos de
ellos, por lo tanto, era necesario hacer llegar el mensaje en la lengua
vernácula de la mayoría. Por otra parte, los cristianos del norte de
Mesopotamia realizaron una traducción a la lengua que les era comprensible. Fue
así que para estos creyentes el idioma en que se tradujeron las escrituras fue
el siriaco.[2]
Más
tarde, debido a que el griego llegó a ser de uso común para muchos judíos,
surge la necesidad de una nueva traducción del Antiguo Testamento, ahora al
griego. Esta nueva versión de las escrituras del pueblo de Israel recibió el
nombre de Septuaginta, así como
también el de “versión alejandrina” o
“versión de los Setenta. De acuerdo con Jesús Cantera Ortiz de Urbina, esta
nueva traducción se encontraba ya terminada para el año de 150 a. C.[3] Así,
puede verse que desde tiempos tan remotos hubo la necesidad de elaborar
traducciones del Antiguo Testamento por parte de los mismos judíos. Y si para
ellos fue menester actuar de esta manera ante los diversos cambios en el uso y
hegemonía de las lenguas, no ha de extrañar que a lo largo de la historia estos
textos siguieran el mismo camino con tal de ser comprensibles para un mayor
número de personas.
Al
consolidarse el cristianismo, surge un acalorado debate entre judios y
cristianos en torno a la interpretación de ciertos conceptos del hebreo
vertidos al griego en la Septuaginta.
Con el motivo de evitar estos problemas, se realizan nuevas versiones al griego,
traducidas directamente del hebreo. Tales traducciones fueron llevadas a cabo
por Aquila, Teodoción y Símaco. De esta manera, la popularidad de la versión de
los Setenta pierde vigencia y da paso al uso de estas nuevas traducciones.
Con
la aceptación, desarrollo y difusión del cristianismo en el imperio romano de
occidente, cuya lengua hegemónica es el latín, se hace necesario contar con
versiones de las escrituras hebreas y griegas del Antiguo y Nuevo Testamentos
en esta lengua. Por ende, proliferan distintas traducciones al latín que
reciben el nombre de Vetus Latina. Son
éstas versiones de la Septuaginta que
en ningún momento se llegan a consolidar como textos oficiales de la Iglesia
Católica, ya que para resolver problemas de interpretación era recurrente acudir
al texto griego de la Septuaginta. Además,
todas ellas poseen divergencias derivadas de la libertad de adaptación e
interpretación de los traductores. Por tal motivo, a instancias del Papa
español San Dámaso, San Jerónimo inicia, en 382 d. C., la revisión de toda la
Biblia Latina.[4]
Pero
San Jerónimo no se contenta con tal sólo revisar las versiones latinas
existentes, puesto que al darse cuenta que muchos de los problemas de
interpretación tienen su origen en la versión de los Setenta, decide llevar a
cabo la traducción al latín de los textos originales en hebreo, para de esta
manera poder dar una versión lo más fiel posible a las escrituras primigenias. A
pesar de haber llevado a buen fin esta encomiable empresa, la versión de San
Jerónimo, conocida como Vulgata, no
fue bien recibida por el clero, en especial por San Agustín, quien sentía un
especial apego por el uso de la Septuaginta
y consideraba que más que una nueva versión al latín de la Biblia, lo que se
necesitaba era una revisión de las traducciones anteriores al latín basada en
la versión alejandrina o de los Setenta.[5]
No
obstante, con el correr de los años fue ésta la versión que se erigió como la
más completa y acertada, dando como resultado que finalmente se adoptara como
la traducción oficial de la iglesia Católica. Por otra parte, a partir de
principios del siglo XVI surgen versiones de la biblia que son conocidas como
poliglotas. Una de las más celebres es la llevada a cabo por idea y bajo el
auspicio del cardenal español Cisneros. De esta manera:
…de 1514 a 1517 un grupo de doctos escrituristas y
filólogos preparan y elaboran en Alcalá de Henares, a base de muy valiosos
manuscritos, la edición de esta obra extraordinaria del Renacimiento español,
que en cinco voluminosos tomos fue puesta a la venta en 1522.[6]
Cabe
mencionar que para estas fechas ya se habían realizado otros muchos intentos de
traducir la biblia. Pero esta vez no al latín, sino a lenguas vernáculas tales
como el alemán, holandés, italiano y francés. Dichas traducciones aparecen entre
1466 y 1478, siendo muy populares y logrando grandes tirajes.[7]
Los acontecimientos
político-religiosos que tienen lugar durante la primera mitad del siglo XVI
darán pie a que se emprendan nuevas traducciones de la Biblia a lenguas como el
alemán o el inglés. En el primer caso es de notable importancia el papel que
jugó el religioso Martín Lutero, puesto que no sólo fungió como traductor de la
Biblia a su lengua natal, sino que es considerado como el promotor del
movimiento religioso protestante.
Nace
Lutero en el poblado de Eisenach en el año de 1483. Gracias a la profunda
devoción religiosa de su madre y la estable posición económica de su padre,
recibe una magnifica educación durante su juventud, orientándose a los estudios
del derecho, los cuales abandonará más tarde para entrar al convento de los
agustinos-ermitaños de Erfurt.[8] Su
espíritu inquieto y reformador le hará cuestionar hondamente las prácticas de
la Iglesia católica de su tiempo, al punto que para 1517 publicará sus 95
tesis, texto en que denuncia de manera tajante la gran corrupción que se vivía
en torno a la venta de las indulgencias y la vida licenciosa de los religiosos.
A
raíz del célebre debate de Leipzig, llevado a cabo durante el periodo
comprendido entre los años de 1517 a 1521, Lutero se dedica a escribir nuevas
obras que son una notoria declaración de guerra en contra de la Iglesia
Católica. Títulos como La
libertad del Cristiano, A
la nobleza cristiana de la nación alemana sobre la reforma de la cristiandad y
La cautividad babilónica de la Iglesia sientan las bases de lo que será el rompimiento de Lutero con la
Iglesia romana.[9]
De la pregunta que se hace a Lutero
en su encuentro con el cardenal Tomás Cayetano en Augsburg en 1518 (credis,
vel non credis? / ¿crees o no?) se desprende la respuesta en que se afirma
que Lutero sí “creía en la Escritura pero no en el papa, ni en los concilios ni
en la jerarquía eclesiástica que tan poco digna de confianza había demostrado
ser. Lutero creía, sí, en su doctrina, en la suficiencia de la fe y en la
autoridad insuperable de la Escritura…”[10]
Esta postura se resume en las dos celebres frases latinas sola Fides,
sola Scriptura en donde se
cristaliza la idea de que la Iglesia no era ningún intermediario entre el
hombre y Dios, y que la Fe era la única que salvaba, así como las escrituras
eran la mejor manera de conocer la palabra de Dios.
De este modo, para Lutero el
acercamiento a las escrituras fue vital para crear esa unión directa entre los
seres humanos y Dios. Por consiguiente, la manera en que el individuo podía
acercarse a la palabra era mediante una versión del Nuevo Testamento escrita en
su lengua y digna de tenerse como traducción confiable. No obstante, para 1522,
fecha en que Lutero presenta su versión de las sagradas escrituras al alemán,
ya se habían publicado dieciocho ediciones de la Biblia en esta lengua.[11]
¿Pero qué es lo que aporta la traducción hecha
por Lutero y que difiere de las anteriores? En primer lugar, es ésta una
versión de los textos griegos originales del Nuevo Testamento y no de la
Vulgata. En segundo lugar, la versión al alemán fue pensada por Lutero como una
obra literaria escrita con un lenguaje sencillo que fuera fácilmente entendible
por todos.
“En vez de los giros
y expresiones típicas de los originales, Lutero busca las expresiones y giros
propios del alemán: su preocupación es que el lenguaje usado en su traducción
corresponda al lenguaje usado por el hablante de la lengua alemana, al hombre
de la calle.[12]
Como puede verse, la
claridad y estilo sencillo y accesible para el común de los lectores son el
sello distintivo del trabajo de Lutero. Si su finalidad era acercar las
escrituras al pueblo, su traducción debía estar dirigida al lector promedio,
liberándola de todo tecnicismo innecesario y rebuscamiento literario que
obnubilara el entendimiento de quien la leyese. Pero esto no fue todo, ya que Lutero
también buscó mostrar el mensaje de la justificación por la fe. Lo anterior
quiere decir que:
Si, en efecto, un individuo, para salvarse
según las creencias cristianas, lo único que tiene que hacer es creer en
Cristo, todo el aparato eclesiástico, empezando por el papa y todo su boato,
sale sobrando. En eso consiste la Reforma: no es necesaria ningún tipo de
mediación entre un individuo y Dios. A todo mundo le basta sólo su fe. Es, por
tanto, la reivindicación del individuo con todas las importantes consecuencias
que ello tuvo: individualismo en todos los sectores de la actividad humana, el
surgimiento de las ideas democratistas, el desarrollo de la inducción como
método del conocimiento –la verdad ya no viene de arriba (como en la deducción
base de la escolástica) sino que hay que construirla pacientemente, desde
“abajo”.[13]
De
lo anterior se desprende que Lutero buscó mediante su traducción acercar la
palabra al pueblo alemán, liberándolo del yugo religioso al que lo tenía
sometido la Iglesia católica. El conocimiento de la Biblia era un derecho que
tenía todo individuo, y éste no debía verse mermado o manipulado por ningún
intermediario que usara las escrituras como instrumento para manipular o
explotar a los creyentes. La fe es ante todo el vínculo que une al ser humano
con Dios, y a todo el mundo debe bastarle ésta para acercarse a la vida espiritual
a la que aspira toda persona que ama y vive según las reglas de Dios. En esta
relación hombre-Dios la Iglesia sale sobrando, pues ella no es, tal y como lo
había hecho creer desde hace tiempo, el único y posible medio para la salvación
de las almas.
Con
todo, tenemos que Lutero fue un reformador que supo la importancia que
guardaban las palabras, así como el acercar el conocimiento bíblico a todo
aquél que lo requiriera. Así, la obra de Lutero queda como un monumento a la
libertad de ejercer la espiritualidad, como un trofeo en la lucha que sostuvo
contra la hegemonía de la Iglesia dominante de su tiempo, como un ejemplo de
que no todo aquél que luchaba por sus ideales de fe y libertad de credo era un
hereje digno de morir consumido por las eternas llamas del infierno.
BIBLIOGRAFÍA
Cantera Ortiz de Urbina, Jesús, “Antiguas
versiones bíblicas y traducción”,
Hieronymus, núm. 2,
1995.
Illescas, Francisco, “La disputa de
Leipzig, momento culminante en el
rompimiento de Martín
Lutero con la Iglesia romana (1517-1521)”, En-
claves del
pensamiento, año IV, núm, 7, 2010, p. 15.
Lanero, J. J., “Historia de un traductor,
prologuista y anotador: Tyndale y los
primeros pasos de la
Biblia en inglés”, E.H. Filología,
Núm. 29, 2007,
p. 123.
Pérez Martínez, Herón, “Misiva de
Martín Lutero sobre el arte de traducir”
Relaciones, Estudios de historia y
sociedad, vol. 25, núm. 138, 2014,
p. 158.
[1]
Jesús Cantera Ortiz de Urbina, “Antiguas versiones bíblicas y traducción”, Hieronymus, núm. 2, 1995, p. 54.
[2] Idem. p. 54.
[3] Ibid.
[4] Ibid. p. 56.
[5] Ibid. p. 58.
[6] Ibid. p. 59.
[7]
Francisco Illescas, “La disputa de Leipzig, momento culminante en el
rompimiento de Martín Lutero con la Iglesia romana (1517-1521)”, En-claves del pensamiento, año IV, núm,
7, 2010, p. 15.
[11] J.
J. Lanero, “Historia de un traductor, prologuista y anotador: Tyndale y los
primeros pasos de la Biblia en inglés”, E.H.
Filología, Núm. 29, 2007, p. 123.
[12] Herón
Pérez Martínez, “Misiva de Martín Lutero sobre el arte de traducir” Relaciones, Estudios de historia y sociedad,
vol. 25, núm. 138, 2014, p. 156.
[13]
Idem. p. 158.
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