Datos personales

Mi foto
Mexistoría es una empresa especializada en la prestación de servicios de consultoría en el área de la antropología social y la historia de México. Nos centramos en la planeación de seminarios, talleres, conferencias, cursos y visitas culturales para el sector público y privado, y que buscan difundir la riqueza cultural que se encuentra en nuestro entorno, y de esta manera crear una conciencia de valoración y respeto por parte del ciudadano y visitante en nuestro país. Tenemos la firme convicción de que el conocimiento de nuestra historia es el eslabón entre la riqueza como individuos y como nación.

miércoles, 17 de julio de 2013


MARTÍN CARRILLO IBÁÑEZ.
MEXISTORÍA  CONSULTORÍA  ANTROPOLÓGICA ®


Una Breve Reseña Histórica Sobre
una Letra Muda. 


T
al vez al lector le parezca raro que el que esto escribe le cuente, a grandes rasgos, uno de los episodios más recurrentes en sus clases de redacción en español. ¿Qué tendría de original traer a colación una situación que tal vez muchos de mis colegas ya han vivido y que de tanto enfrentarse a ella hayan finalmente tirado la toalla y optado más por un silencio condescendiente que por una elocuencia edificante? No es poco común escuchar en estos días, según mi parecer, alumnos enfadados con la ortografía que abogan por esa jubilación de sus reglas que ya tanto ha criticado el buen juicio de Alex Grijelmo[1]. Es éste el asunto que quiero discutir el día de hoy, pues me parece de suma importancia.

He tenido ya varias veces la oportunidad de adentrarme en las delicias de la observación participante, útil herramienta del antropólogo social, y darme cuenta de una situación recurrente en ciertos sectores de nuestra sociedad que aún muestran algún interés por hablar sobre su idioma, aunque sea sólo para quejarse. He puesto atención al tema y he participado con ardor en las querellas que ha originado algún alumno quejumbroso que ha pasado los últimos 15 años de su vida usando el diccionario sólo para nivelar la pata de algún librero, que por viejo e inútil, terminará tirando a la basura.

-Profesor, ¿por qué no escribir todo lo que se pronuncia con /k/ con una misma letra? ¿Para qué complicarle la vida al alumno con la odiosa ortografía?-

A veces los alumnos realizan preguntas tan complejas como aquél que se preguntó algún día si la gallina fue antes que el huevo o viceversa. Ante tales cuestiones muchos han optado por la vía más fácil y segura: el silencio. Sin embargo, creo que el silencio en estos casos sólo muestra y fomenta la ignorancia del educador y el educando, razón por la cual, al no recibir respuesta, el alumno seguirá pensando que resulta fácil alterar la ortografía aceptada para palabras que poseen un mismo sonido, e.g., /k/, dense por ejemplo las palabras de origen latino como casa, cuerpo o capaz, escribiéndolas arbitrariamente como kasa, kuerpo, kapaz, a lo que se dice que obrando de esta manera muchos problemas se evitarían si, por ejemplo, empezáramos a escribir todas esas palabras con una letra afín que represente el mismo sonido presente en cada una de ellas.

¡Qué belleza más sublime! dirían algunos helenistas faltos de escrúpulos y amor por la historia al ver tal halago a la letra kappa. No obstante, creemos que el gran satírico romano Décimo Junio Juvenal[2] desaprobaría por completo tal acción, y con toda gana y paciencia volvería de su tumba para escribirnos alguna otra sátira sabrosa e inmortal en contra de estos falsos helenistas.

¿Pero qué de correcto hay en el hecho de alterar la ortografía de estas palabras, anulando la letra latina C y sustituyéndola por su homófona griega K? Es éste el meollo del asunto. Indudablemente sería mucho más fácil (sólo en apariencia) hacer estas sustituciones tan en boga en nuestros días. Y así mismo podríamos hacer lo propio para el sonido /s/ en palabras como cielo, zapato, zoológico, sustituyendo esa variación de letras por una sola letra que represente el sonido /s/ (sielo, sapato, soológico) para la pronunciación usada en nuestro país (México).

Creemos, en el caso de la letra k, que esto no sólo tiene que ver con un gusto por lo griego o con un inusitado desprecio hacia nuestra herencia latina, porque a veces, los que así obran, no saben nada de los griegos ni de los latinos. Mas si hemos de culpar a alguien, creo yo que debemos achacar la culpa al desinterés y falta de amor por la lectura y la historia de la lengua que hablamos, porque al hacer sustituciones tan arbitrarias atentamos no sólo contra la ortografía aceptada para cada una de las palabras que conforman nuestra lengua (sean palabras pertenecientes al español o préstamos procedentes de alguna otra lengua), sino que también atentamos contra el origen de las palabras y su historia.

Toda palabra tiene un origen y una función, y cada letra que conforma una palabra tiene una razón de ser y de estar. Si para algunos resulta fácil sustituir letras en las palabras, como ya lo mencionamos con anterioridad, para otros es todavía más sencillo omitir ciertas letras que consideran “inútiles” o “sin sentido”, o que inclusive han llamado “mudas”.

Recuerdos vagos de mi instrucción elemental me dicen que desde hace ya varios años la letra H ha sido considerada como “muda” por no pronunciarse en español.  Sin embargo, por el simple hecho de que una letra no se pronuncie dentro de una palabra, no puede decirse que tal o cual letra sea inútil o innecesaria. La presencia de la letra H en el español obedece a varias razones que van desde un punto de vista etimológico, es decir, del origen mismo de su presencia en nuestras palabras, hasta la función de reforzar diptongos, entre otras.

¿Pero cómo llega la letra H a perder su voz a través de los años? ¿Por qué es importante seguirla escribiendo aunque no se pronuncie? Para responder estas preguntas tomaré como ejemplo una de las más grandes palabras que ha podido crear el ser humano: la palabra HISTORIA.

Décimo Junio Juvenal, escritor romano, nos legó una de las líneas más elocuentes dentro de sus sátiras, la cual dice: “Semper ego auditor tantum?” (¿Acaso he de ser siempre el que escucha?) Y con esta pregunta da inicio a la obra literaria que lo hizo inmortal. Luego entonces nos podemos preguntar: ¿Cómo enmudecer estando presentes? Esto aplica de igual manera tanto para los seres humanos como para las letras que conforman cada una de las palabras del idioma que usa para comunicar sus ideas, sentimientos y sueños. Así la letra H está presente en varias palabras, y aunque muchos la tachen de muda, en realidad tiene mucho que contarnos si nos interesamos un poco en conocer su historia.

Tomemos como punto de referencia el alfabeto griego, haciendo a un lado datos anteriores sobre el origen de la escritura y a la vez del alfabeto griego en sí. Baste decir que el momento en que nos posicionamos es aquel en que la cultura griega ya ha pasado por la escritura de derecha a izquierda, la escritura bustrofedón, y ya ha implementado también el uso de las letras minúsculas y ha optado por una escritura que arranque en el lado izquierdo y termine en el derecho, acontecimiento que sin lugar a dudas marcó la diferencia entre la escritura semítica y la occidental, de la cual somos herederos directos.

Es Herodoto quien usa la palabra historia en un sentido del que deriva el actual, al realizar investigaciones sobre las guerras Médicas. Tenemos entonces que la palabra en griego es ἱστορία (pronúnciese jistoría), la cual posee en su representación gráfica ese signo que los helenistas se han dado en llamar espíritu áspero ( ̔ ). Este espíritu áspero viene a representar una aspiración antes de una vocal y que de acuerdo al alfabeto fonético internacional debemos transcribir de la siguiente manera: /h/. Dicho símbolo fonético representa el sonido que daríamos a la letra j en México. Ahora bien, de acuerdo a esto tenemos entonces que la palabra Historia en latín proviene directamente de la palabra griega  ἱστορία, la cual, como hemos ya mencionado, es una hermosa y trascendental creación griega. Sin embargo, al pasar esta palabra al latín culto el espíritu áspero viene a ser representado gráficamente por medio de una letra griega: la letra H (eta), o para hacerlo más comprensible, una letra que nosotros en la actualidad pronunciaríamos como una e.

Nos reservamos para otro estudio el hablar sobre el proceso mediante el cual se dio el cambio y la causa de éste, no obstante, es palpable que la palabra Historia en latín es exactamente la misma que nosotros conocemos en nuestro español actual. Mas es indispensable aclarar al lector que de acuerdo a lo que nos señala Xavier Gómez Robledo en su célebre texto “Cómo se pronunciaba el latín en los siglos clásicos”, la letra H no había perdido su aspiración, por el contrario, ya existía una notoria diferencia en la manera en la que la gente “educada” pronunciaba la letra H con respecto a aquellos que hablaban un latín perteneciente al pueblo. Para poder comprender este hecho más cabalmente, es menester recordar que la pronunciación de muchas palabras, en especial las que provenían directamente del griego, debían ser pronunciadas “a la griega”, lo cual denotaba la alta cultura e incomparable buena educación de quien así pronunciaba. Más no todos se mostraban amantes del griego en aquellas épocas, pues no debemos pasar por alto lo que el ya memorado Juvenal pensaba de las mujeres que adoraban esta lengua: “Omnia graece, cum sit turpe magis nostris nescire latine”[3] (Todo en griego, cuando es más vergonzoso para nuestras mujeres no saber latín, frase que bien pudiera aplicarse en la actualidad a aquellos que han desarrollado un gusto excesivo por el inglés y que se han olvidado de su español). Tal vez a causa de lo anterior, se nos dice, o tal vez a causa de otras cosas,  aquellos que no aspiraban la H, simplemente dejaron de pronunciarla.

Tenemos así que en el español no pronunciamos la H, situación que se repite en la palabra Histoire del francés e Historia del portugués, mas no así en Istorie del rumano o Storia del italiano. Como puede observarse, en estos últimos dos casos la letra H no sólo dejó de pronunciarse, sino que desapareció por completo. Caso similar pasa con la palabra Homo, la cual da origen a Hombre en español, Homme en francés, Homem en portugués, y uomo en italiano.

Nos reservamos un estudio más detallado para explicar las causas que originaron la perdida de la H en las palabras antes mencionadas en lenguas como el rumano o el italiano, pero lo que sí es de notar en este escrito es que en contraste con estas palabras pertenecientes a lenguas romances descendientes del latín vulgar que sufrieron una pérdida del sonido del espíritu áspero, o de éste y la representación de la H, hay una lengua germana en donde no sólo la forma gráfica latina del espíritu áspero se mantuvo, sino también su pronunciación. Sea tomado como ejemplo el vocablo History del inglés, lengua que no sólo ocupó dicho vocablo lo más cercano a la forma y pronunciación del latín culto y helenizado, sino que también adoptó la palabra Story, semejante a esa que actualmente se usa en italiano pero con un sentido distinto al de History.

Con todo lo anterior no intento decir que debemos adoptar una pronunciación clásica helenizada en palabras como Historia u hombre (jistoria / jombre) ni que debamos hacer una diferencia semántica al usar las palabras Historia y Storia como en el inglés; no, mi postura es aquella que busca sólo dar a notar la importancia de no enmudecer la Historia de nuestra lengua al borrar letras de manera arbitraria sólo porque muchas veces pensamos que nos estorban, siendo que más estorba al intelecto la pereza disléxica de no querer aprender que Historia se escribe con H al igual que Hombre, y que el Hombre que se aparta de su Historia se pierde a sí mismo, así como apartar la H a sus palabras por el simple hecho de pensar que es “muda” enmudecerá para siempre la larga trayectoria cultural de los miles de Hombres que le antecedieron y le dieron forma a la lengua que habla actualmente.   


BIBLIOGRAFÍA.

Décimo Junio Juvenal (1974). Sátiras. Traducción y comentarios por el doctor Roberto Heredia Correa. UNAM. México.

Gómez Robledo, Xavier. (1952). Cómo se pronunciaba el latín en los siglos clásicos. Editorial Jus.

Grijelmo, Alex. (2011). Defensa apasionada del idioma español. Editorial Taurus. México.   




[1] Autor del célebre libro Defensa Apasionada del Idioma Español.
[2] Escritor romano del siglo II D.C., autor de un número considerable de sátiras, textos de crítica social, y en donde encontramos una de las frases más famosas en la actualidad: “mente sana en cuerpo sano”.
[3] Para este artículo se consultó la edición de las sátiras de Juvenal a cargo del doctor Roberto Heredia Correa, publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México. Así mismo, las traducciones de las frases empleadas pertenecen al doctor Heredia.